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¿Operación juntos o revueltos?

¿Valen menos las vidas de los inocentes muertos por la OTAN que la de los habitantes de Gaza? ¿Y por qué entonces se condena rápidamente a Israel pero no a nosotros cuando cometemos los mismos errores?

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La madre de todas las operaciones. Eso sería, según la diplomacia pública de la OTAN, lo que sus tropas y las americanas estarían acometiendo en la conflictiva provincia de Helmand. Su objetivo: erradicar a los insurgentes talibán y demás terroristas de esa zona para poder iniciar allí el esfuerzo aliado de la estabilización y reconstrucción. Dicho de otra manera, aplicar en aquel suelo la estrategia que Bush propuso para Irak en su día: "limpiar, mantener y construir". Desgraciadamente para la coalición internacional, las condiciones de Irak no se repiten hoy en Afganistán.

Las fuerzas aliadas han hecho mucho hincapié en que esta ofensiva traerá muy buenos resultados –o mejores que otras anteriores– debido al incremento de soldados involucrados. El año pasado, los británicos, con 5.000, no obtuvieron apenas nada relevante, pero ahora con más de 15.000 se espera poder lograrlo. Primer problema: que la resistencia talibán se parece a la energía, que ni se crea ni se destruye, sólo se desplaza de una zona a otra. Y, por lo que se conoce hasta el momento, los talibanes han preferido no dar la cara y dejar que los soldados aliados se topen con escasos focos de resistencia. Posiblemente confíen en que 15.000 soldados no son suficientes para sostener el área por mucho tiempo y se reputa la pésima experiencia del primer ataque contra la ciudad iraquí de Fallujah, donde los marines norteamericanos expulsaron a los terroristas de Al Qaeda en Irak, para mostrarse impotentes ante su vuelta posterior. Y puede que las esperanzas de los talibanes no estén infundadas. Por ejemplo, en Bosnia, con 51.000 kilómetros cuadrados de territorio, la OTAN llegó a desplegar 60.000 soldados, esto es, 1,17 por kilómetro cuadrado; en Helmand los aliados podrán disponer de 0,25 por kilómetro cuadrado. ¿Suficiente? Está por ver.

Pero además, esta operación tan anunciada públicamente, pone de relieve la dificultad que tienen las fuerzas armadas occidentales para enfrentarse a enemigos no tradicionales. Mientras que en los cuarteles generales se discute el mejor término a emplear para el conflicto moderno (asimétrico, híbrido, etc.), sobre el terreno la única distinción es que enfrente no se ve a un enemigo, sino a civiles, algunos o muchos de los cuales combatientes. Queriendo evitar bajas no combatientes, los aliados han intentado desplazar a la población civil, con escaso éxito, pero sobre todo se han negado la posibilidad de detener a los insurgentes que se entremezclan con sus conciudadanos. Y así y todo, las tropas de la OTAN no han podido evitar errores, como la muerte de esos 12 civiles.

Y es que la guerra en Afganistán nos obliga a una seria reflexión sobre sus formas contemporáneas. Por ejemplo, ¿valen menos las vidas de los inocentes muertos por la OTAN que la de los habitantes de Gaza? ¿Y por qué entonces se condena rápidamente a Israel pero no a nosotros cuando cometemos los mismos errores? ¿Es aplicable el derecho de la guerra a estas nuevas situaciones? ¿Qué es de verdad necesario para erradicar de una vez por todas a los talibán en Afganistán o a otros grupos similares en otras zonas del mundo, como Gaza o el sur del Líbano?

Lo que se puede asegurar de momento es que Afganistán no es para Clausewitz y, por tanto, tampoco para los ejércitos que en él se siguen inspirando. Que la OTAN haya entendido el peso y las implicaciones de la transformación de la guerra moderna está por ver. Y lo veremos en el destino de Helmand. De momento, más que "Operación juntos" parece "Operación revueltos".

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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