Menú
GEES

OTAN remozada

Los europeos no olvidan que valen poco sin América, aunque ambas orillas del Atlántico se miren con cierta desconfianza. O sea, que aunque estemos lejos de ser lo que podríamos y deberíamos, al menos seguimos siendo.

GEES
0

La OTAN goza de una mala salud de hierro. Siempre languideciendo pero sin llegar nunca a morirse. Nadie se propone dejarla –ni siquiera Zapatero, a pesar de que la ama tanto como a la Santa Madre Iglesia y a su sumo pontífice–, mientras que varios siguen queriendo entrar. Cualquier objetivo de fuerza y de gasto en defensa que se acuerde será sistemáticamente incumplido desde el primer día por todos sus miembros europeos –menos ingleses y franceses– y casi ninguno más. Quizás por eso ya hace años que no se intenta. La cumbre de Lisboa del viernes y sábado ha sido una brillante concentración de grandes mandatarios. Junto a los 28 de la Alianza participaron otros 20 más de países que colaboran en Afganistán, y el presidente ruso Medvedev, para alimentar las esperanzas de nuevas perspectivas de entendimiento. Esta faceta rusa, vinculada, aunque no exclusivamente, al importante asunto –que viene arrastrándose desde hace años–, de un sistema de defensa contra misiles para Europa, además del vital tema afgano, ha dominado la reunión cuyo principal propósito e importancia era adoptar un nuevo Concepto Estratégico.

En tiempos de la Guerra Fría la OTAN tenía estrategias que duraban muchos años y se podían exponer en un parrafito. Luego se inventaron los "conceptos estratégicos" de vigencia –en la práctica– más o menos decenal, y de muchas más páginas, como corresponde a algo que no es tan sintético como una verdadera estrategia. En esta ocasión se ha dado con una fórmula alternativa que bien puede utilizarse para definir los citados conceptos: una "declaración de misiones" que sirve de guía para la organización en los años venideros –presumiblemente otros diez–, lo que nos llevaría al cumplimiento de los 71 años de una Alianza que nació en el 49 del pasado siglo.

El "concepto" es un atisbo sobre el futuro, sobre lo que se nos viene encima desde la perspectiva de la seguridad, y sobre las respuestas que la OTAN deberá dar. Aunque nada garantiza que esté en condiciones de hacerlo en la medida en que cueste dinero, esfuerzos y algunas renuncias soberanistas en aras de la eficacia colectiva. Tanto como para enfrentarse con el futuro el "concepto" sirve también para oficializar el pasado, lo que la organización, en su flexible funcionamiento, ha hecho al margen de su tratado fundacional y sus textos estratégicos. El propósito declarado sigue siendo la defensa regional de sus miembros, pero una vez asentada en Afganistán –contra todo de lo que se podía haber imaginado a finales de los 90–, ya nadie duda de que sus actuaciones podrán, teóricamente, alcanzar cualquier rincón de mundo que lo requiera. "Fuera de zona o se cierra la tienda" (out of area or out of business) es un debate que ya no se plantea. Ahora se trata de los misiles de los Estados granujas, pero sin poder mencionar por su nombre a los iraníes, que es de quien realmente se trata, porque eso es tabú para Turquía, elemento clave en el escudo defensivo; de ataques cibernéticos, de los que tenemos un barrunto en lo que la Rusia que queremos abrazar le hizo a Estonia y luego a Georgia; o en el gusano infiltrado en la instalaciones iraníes de investigación nuclear; de piratería en los mares; de terrorismo con armas de destrucción masiva; y desde luego de cooperación con todo el que esté dispuesto y del acopio y utilización de medios no militares para las muchas misiones en las que estos resultan insuficientes.

Todo muy oportuno y sabiamente expuesto. Si los socios estuvieran a la altura de sus propósitos, la Alianza y su organización sería un instrumento formidable. Pero aún sin estarlo, el documento y el hecho mismo de su aprobación reafirman una voluntad de seguir existiendo, lo que supone el reconocimiento de que todos juntos podemos más que cada uno por separado y que el vínculo atlántico sigue teniendo su importancia. Es decir, que los europeos no olvidan que valen poco sin América, aunque ambas orillas del Atlántico se miren con cierta desconfianza. O sea, que aunque estemos lejos de ser lo que podríamos y deberíamos, al menos seguimos siendo.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

En Internacional

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios