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Paso a paso

Zapatero practica en el Magreb la misma política que en España con la cuestión nacional: primero ceder y luego... ya veremos.

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Nadie puede negar la coherencia de la política marroquí de nuestro Gobierno, siguiendo la senda establecida por Felipe González en sus últimos años en la Moncloa, con la entusiasta colaboración de diplomáticos como Moratinos y Dezcallar. Había que entenderse con Hassan y dejar atrás las ingenuas posiciones defendidas en favor de la causa saharaui durante los años de oposición. Eran entonces tan jóvenes como inexpertos y no entendían que en política exterior no todo son principios, también está el sapo de la realidad. La forma de evitar un desenlace fatal para los intereses nacionales estaba, según su saber y entender, en realizar importantes concesiones al Rey, además de establecer vínculos estables –políticos, económicos y militares- que generaran un ambiente más cordial desde el que poder gestionar las diferencias.
 
Naturalmente una política realista no podía ser del gusto de un electorado a quien el Partido Socialista estaba dispuesto a reconocer su derecho a la utopía. El abandono de la causa saharaui no podía reconocerse públicamente y la aproximación a Hassan debía hacerse con discreción, sin disparar las alarmas..
 
Zapatero ha recogido la antorcha de su predecesor socialista y trata de establecer puentes con el Rey de Marruecos. De nuevo, la moneda de cambio es el Sáhara. España ha dejado de apoyar el Plan Baker, por lo que la posibilidad de un referéndum de autodeterminación se hace aún más remota. Marruecos no va a conceder la independencia al Sáhara, ninguna fuerza expedicionaria se va a desplazar allí para liberar a estas gentes y la presión en Naciones Unidas disminuye. Marruecos está más próximo a lograr una victoria definitiva, a costa de los saharauis y de la dignidad española. La nación encargada de administrar el proceso de autodeterminación se encoge y cede ante el invasor.
 
Como parte de las medidas de confianza está la venta a precio simbólico, según leemos en La Razón, de 20 carros M-60 A3 a Marruecos. Estos carros formaron parte del contingente norteamericano en Europa durante la fase final de la Guerra Fría. Los primeros M-60 comenzaron a entregarse en 1960 y, en sus últimas versiones, se mantuvieron en activo hasta 1988. Es, por lo tanto, el carro pesado inmediatamente anterior al M-1 Abrams, actualmente en vigor en el ejército americano. Llegaron a España como resultado de los acuerdos de desarme convencional en Europa, cuando resultaba innecesario mantener tantas unidades en el hasta entonces “frente central”. Para España resultó un atractivo “regalo”, pues permitía mejorar un parque anticuado, con excesiva presencia de los franceses AMX-30, de calidad muy discutible. Hoy día, con la llegada de los Leopard, resulta innecesario mantener un número tan elevado de carros y, sobre todo, muy costoso el mantenimiento.
 
A pesar de su relativa antigüedad, el M-60 A3 es un excelente carro de combate que puede actuar en entornos muy variados. Mejorado en nuestras maestranzas, resultará de extrema utilidad para el Ejército de Tierra marroquí, sobre todo si, como parece, llega en forma de regalo.
 
En términos diplomáticos este “detalle” de España con su vecino tendrá efectos inmediatos:
 
1. Es un paso más en la política diseñada en la etapa socialista anterior por González, Dezcallar y Moratinos para intentar apaciguar a Marruecos a cambio de un conjunto de concesiones, entre las que destaca la eliminación de los obstáculos de la “potencia administradora” a la plena anexión del Sáhara.
 
2. Los carros se entregarán con la condición de que no sean desplegados en el Norte, es decir contra territorio español. No cabe duda de que en el corto plazo Marruecos no va a estar interesado en una acción violenta contra Ceuta y Melilla, porque se centrará en la cuestión saharaui. Tan cierto como que, llegado el momento, el Rey hará uso de todos los medios disponibles para defender lo que él considera su territorio de soberanía.
 
3. El despliegue de los carros en el Sáhara supone un claro apoyo de España a la causa marroquí, como es evidente en la estrategia socialista desde la etapa final de González.
 
4. La presencia de estas unidades frente a Argelia es, a su vez, un nuevo gesto de Zapatero para aclarar dónde están las prioridades de la política española. Aunque Argelia es un suministrador fundamental de energía para nuestro país, se confía en mantener este mercado mientras se da satisfacción a Marruecos, país enfrentado a Argelia por varios temas, entre los que se encuentra la cuestión saharaui.
 
El problema fundamental es que, en nuestra opinión, esta estrategia no es tan “realista”. Claudicar ante un enemigo como Marruecos no es más que invitarle a seguir adelante. Mohamed VI está convencido de que España va a ceder en todo. Lo que no fue posible con Aznar, lo va a ser con Zapatero. Marruecos nos ha ganado todas y cada una de las batallas que nos ha planteado en África porque sabe lo que quiere. Algo no muy costoso, pero extraordinariamente útil cuando la otra parte no lo sabe. Decía Carrero Blanco que nuestra política exterior debía fundarse en dos ideas “aguantar y esperar”. A Franco no le dio mal resultado el consejo y la diplomacia marroquí, que es de gran nivel, demuestra cada día que sabe esperar con firmeza, aprovechando los momentos de debilidad del contrario, es decir, los gobiernos socialistas. Zapatero practica en el Magreb la misma política que en España con la cuestión nacional: primero ceder y luego... ya veremos. Hemos demostrado al mundo nuestra debilidad y nuestra indignidad. Ahora toca esperar y ver los juegos malabares de nuestro Presidente.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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