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Petróleo por corrupción

Sea como sea, tiene que irse. Su presencia al frente de las Naciones Unidas sólo puede verter más fango sobre la organización, poner en duda, aún más, la credibilidad que le queda

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Las Naciones Unidas han pasado de ser la catedral de la ineficacia, paralizada en el Consejo de seguridad las más de las veces, incapaz de actuar cuando más se la necesitaba, y sometida a la moral de la mayoría NO democrática que controla su Asamblea General, a ser un foco de degradación moral corrupción política y estafa económica de proporciones de tragedia humanitaria.
 
Su actual secretario general, Kofi Annan, quien ha sido acusado hace poco de obstruir el curso de las investigaciones del Senado americano sobre la gestión más que dudosa del programa hacia Irak, “Petróleo por Alimentos”, ha sostenido con fuerza y determinación que él no conocía ninguna posible perversión de dicho programa por Saddam Hussein y que, además, consideraba inaceptable las acusaciones de corrupción de los gestores del programa. Y, desde luego, asumía la honestidad y el buen hacer de su hijo Kojo en todo el asunto.
 
Pues bien, primero tuvo que admitir, forzado por los descubrimientos que los medios independientes sacaban a la luz pública, que su hijo no actuó tan rectamente, sino que cobraba de manera subrepticia de la única empresa que año tras año se llevó el concurso del control de las importaciones humanitarias iraquíes bajo supervisión de la ONU, Cotecna. Para defender el control de la gestión, Annan se vio obligado a montar apresuradamente una investigación interna y desde que esta comisión de investigación dio sus primeros pasos, después del pasado verano, siempre se ha apoyado en sus supuestos trabajos para defender la limpieza y profesionalidad de la gestión del programa. Antesdeayer, a pesar de la pasmosa tranquilidad con la que se han tomado su trabajo, la comisión presidida por Paul Volker ha hecho públicos 58 notas e informes de auditorias internas de la propia ONU, realizadas desde 1998 hasta el 2001. Las conclusiones, en una breve nota aparte, son escuetas pero demoledoras: la ONU y más en concreto su secretaría general, responsable directo de la gestión del programa hacia Irak, había sido sistemáticamente informada de graves irregularidades, sin que hubiera reacción alguna determinante para poner fin a las mismas durante todos estos años. Así, por seguir con la compañía para la que prestaba sus servicios Kojo Annan, Cotecna, ésta conseguía información sobre las ofertas de sus competidores para poder presentar la oferta con las condiciones más ventajosas para la ONU. Una vez adjudicado el contrato, o su renovación, la empresa pedía una revisión automática y al alza de los costes de su trabajo, incrementos que se aprobaban sin discusión alguna.
 
No vamos a mencionar aquí otra vez los pagos con vales de petróleo a los responsables director del programa, que los hubo y muy jugosos. Sólo cabe ya decir una cosa. Si Annan sabía de estos desmanes y lo ha mantenido oculto, aún peor, lo ha intentado tapar como ha hecho con otros escándalos internos, debe dimitir o ser cesado cuanto antes. Pero si es verdad que no sabía nada de todo este entramado de corrupción que llegaba incluso a su propia familia, tiene que irse por incapacidad absoluta para gobernar un organismo internacional como la ONU. Sea como sea, tiene que irse. Su presencia al frente de las Naciones Unidas sólo puede verter más fango sobre la organización, poner en duda, aún más, la credibilidad que le queda y ahuyentar a las pocas naciones de verdad limpias, honestas y democráticas de su seno. Por el bien de todos, váyase señor Annan.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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