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¿Por qué?

Desde el primer momento se gestionó desastrosamente mal el despliegue de nuestros militares. Se les envió sin la suficiente seguridad a una zona altamente peligrosa para llevar a cabo una misión imposible.

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Un violento atentado, seis soldados españoles muertos y numerosas preguntas en el aire. ¿Se temía un atentado de estas características contra fuerzas de la UNIFIL II? ¿Alguien escuchó las voces de expertos y de gobiernos que alertaban sobre la posibilidad de un ataque terrorista contra los cascos azules? ¿Por qué el jefe del contingente de la ONU, el general Claudio Graziano, afirma que le ha pillado por sorpresa? ¿Se ha escogido con intencionalidad a España como primer blanco? ¿La elección de nuestras tropas como objetivo terrorista ha tenido motivos políticos? ¿Se ha querido probar la resistencia de nuestro Gobierno tras salir corriendo de Irak?


¿Se trata de un episodio aislado? ¿Es la primera señal de una nueva y sangrienta oleada de violencia en la región? ¿Quién está detrás del ataque terrorista: Hezbolá, Damasco, Al-Qaeda...? ¿Se reforzará el mandato de la ONU? ¿Tomarán algún tipo de medidas las demás tropas de la UNIFIL II desplazadas en la zona? ¿Qué va a hacer la denominada comunidad internacional? ¿Piensa hacer algo el Gobierno español?

Se intuyen algunas respuestas, pero la incertidumbre sobre lo que puede ocurrir a partir de ahora en el Líbano da miedo. Lo poco que está claro hasta el momento es la cadena de errores del Gobierno español desde que decidió mandar tropas españolas al país de los cedros. A veces hay que recordar lo más obvio. Porque hay interesados en no recordar lo indiscutible. Porque se cumplieron los peores pronósticos.

Fue un error de ZP decidir enviar las tropas antes incluso de que hubiera una resolución de la ONU. Fue un error porque el motivo que alegó ZP para semejante locura fue únicamente su deseo de frenar la desproporcionalidad de Israel. Fue un error porque quiso lavar su imagen en el exterior poniendo en peligro a las tropas españolas. Fue un error que ZP no se presentara personalmente en el Congreso de los Diputados para dar la cara y, por el contrario, se escondiera tras su escudero Alonso. Fue un error enviar una misión sin misión.

Desde el primer momento se gestionó desastrosamente mal el despliegue de nuestros militares. Se les envió sin la suficiente seguridad a una zona altamente peligrosa para llevar a cabo una misión imposible. Se ocultó el riesgo al que han estado y están expuestos, y se sigue negando. Y si sale mal ¿por qué no descargar la culpa en los mandos militares?

Esa extraña, injustificada e irrealista confianza de Rodríguez Zapatero y de algunos europeos en Naciones Unidas como la única solución para el Líbano seguirá pasando factura. Están jugando con fuego, pero con fuego real.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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