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¿Por qué estamos perdiendo?

Cuando en 2007 muchos estadounidenses habían asumido la derrota en Irak, una nueva estrategia allí dio un vuelco a la situación. Dos personas creían en ella: Bush y Petraeus. Lamentablemente, no parece que vaya a pasar lo mismo en Afganistán.

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Después de ocho años en Afganistán, ¿qué ha fallado para que se esté perdiendo la guerra? La no disposición de suficientes tropas y la falta del equipamiento necesario –helicópteros, antiminas, vehículos aéreos no tripulados, etc.– es lo primero en que se piensa. Es una carencia que ha mermado la habilidad de la ISAF para combatir a los talibanes como hubiera sido deseable. Un déficit que va ligado a las restricciones o caveats que cada país aliado impone a sus tropas, limitando su operabilidad. No se trata de las reglas de enfrentamiento que establece la ISAF, revisadas y modificadas en 2007 y 2008, sino de los caveats no declarados. Pero hay muchas más cosas que están fallando en Afganistán. Aquí van algunas de ellas.

Es necesario revisar los tiempos de rotación de las tropas desplegadas en Afganistán. La mayoría de los países mantienen rotaciones de seis meses e incluso de cuatro, como es el caso español. Los expertos militares sugieren que se necesitan entre cuatro y cinco meses para construir una relación adecuada con las fuerzas y la población local, y para conocer el terreno. Además, está generalmente aceptado que los momentos más peligrosos y complicados de los despliegues son los primeros treinta días y los últimos. Sería deseable revisar y ampliar el tiempo de rotación de las tropas.

Los Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT, por sus siglas en inglés) –pequeños equipos de personal civil y militar que trabajan para proporcionar seguridad a los servicios de asistencia y facilitar las tareas de ayuda y reconstrucción en zonas conflictivas– son considerados todo un éxito por la propia OTAN, pero no lo son tanto. Cada uno de ellos está liderado por una nación, y por lo tanto funcionan de acuerdo al enfoque que le da de cada país, actuando con diferentes niveles de recursos y diferentes objetivos. Existe poca coordinación y homogeneidad entre ellos. Es deseable todo lo contrario, para que la población local vea realmente que hay una fuerte coordinación entre civiles y militares y no esfuerzos descoordinados que acaban fracasando. Y no hay que olvidar que el papel de la ISAF/OTAN en la reconstrucción y desarrollo de Afganistán es limitado, a pesar de lo que oigamos por la boca de Carmen Chacón.

La brecha y el distanciamiento entre las tropas desplegadas y la población local se ha abierto demasiado, y el apoyo de la población afgana es determinante para el éxito de la ISAF en Afganistán. Por un lado los talibanes han llevado a cabo un efectivo plan de propaganda que apuntaba directamente a debilitar el apoyo público a la ISAF. Los países aliados por su parte, atrincherándose en sus cuarteles han reducido enormemente su contacto con los civiles. Además, el deseo de varios países europeos a establecer un calendario de salida ha rematado el distanciamiento entre tropas y población, que ha dejado de confiar en las tropas internacionales para librarles de los talibanes. Canadá y Países Bajos ya han anunciado que se van, y lamentablemente habrá más salidas.

La falta de coordinación entre los varios actores internacionales envueltos en el conflicto de Afganistán de una manera u otra es otra causa. Lo mismo que las últimas elecciones y los votos fraudulentos. 

No hay una misión con unos objetivos realistas que se haya ajustado al deterioro de la situación y al cambio de las circunstancias que ya se atisbaban desde el año 2006. La situación de los primeros años, cuando la ISAF operaba en Kabul y en los alrededores en un clima de relativa calma, no es la misma. Los insurgentes cambiaron su estrategia, la OTAN amplió su mandato y se extendió por todo el país, y la frontera entre Afganistán y Pakistán se ha vuelto determinante. Definir una misión y unos objetivos adaptados a la nueva realidad, teniendo en cuenta además que talibanes no son un fenómeno exclusivamente de Afganistán, debería haberse llevado a cabo hace ya tiempo.

Y por último, creer que se puede ganar. Cuando en 2007 muchos estadounidenses habían asumido la derrota en Irak y parecía inevitable la retirada las tropas, una nueva estrategia allí dio un vuelco a la situación. Dos personas creían en ella: Bush y Petraeus. Lamentablemente, no parece que vaya a pasar lo mismo en Afganistán, porque Obama parece no creer en la victoria.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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