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Por qué Zapatero debería preferir a Bush

Es una lástima que Zapatero de la impresión de que lo que entiende por política internacional se reduzca a las relaciones de Madrid con Barcelona. Por eso, señor Zapatero, Bush y no Kerry es, en verdad, su hombre.

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Contrariamente a lo que ha declarado Miguel Angel Moratinos sobre que el gobierno respeta una estricta neutralidad y prudencia cara a las presidenciales norteamericanas de noviembre, nadie puede olvidar que José Luis Rodríguez Zapatero declaró a varios medios de prensa antes y después de llegar a La Moncloa su clara apuesta y preferencia porque el vencedor fuese el candidato demócrata John F. Kerry. Normal, el conocimiento superficial de Kerry y su simbolismo anti-Bush llevó a pensar al dirigentes socialista español que sus tesis sobre cómo debe gestionarse el mundo estarían bien salvaguardadas por el senador demócrata si llegaba a la Casa Blanca. Pero Zapatero se equivoca y, si meditase un poco, optaría por una defensa a ultranza de la continuidad de George W. Bush en la presidencia de los Estados Unidos.
 
En efecto, la única decisión de trascendencia global que ha tomado el ejecutivo socialista ha sido la retirada unilateral y sin concesiones de Irak. Ya sabemos por qué: la supuesta ilegitimidad de la guerra, la ausencia de un papel protagonista de la ONU y el rechazo al supuesto unilateralismo americano y a todo lo que no fuera un marco verdaderamente multilateral. Y es verdad que una de las diferencias entre Bush y Kerry estriba en la retórica de este último sobre revivir la diplomacia de las alianzas, tener en cuenta a la ONU y también la opinión de los aliados de América. Eso le bastaba a Zapatero para pensar que Kerry era su hombre en Washington y no un Bush empecinado y militarista.
 
El problema para Zapatero si finalmente venciera Kerry en Noviembre es que lo que ambos líderes piensan que es el multilateralismo tiene poco que ver. Kerry busca una ayuda inminente de los aliados en Irak de tal forma que pueda cumplir su promesa de una reducción sustancias de sus tropas y, finalmente, una salida del país dentro de su mandato. Eso significa  una reactivación de la OTAN y una mayor incitación –y presión– a que los aliados de Norteamérica hagan más. Y hay que recordar que los aliados de la Norteamérica de Kerry, hasta la fecha, son de manera declarada, Zapatero, y callada Chirac y Schröder. Kerry se volcará en la diplomacia legitimadora de las Naciones Unidas para salvarse de los compromisos con los iraquíes, pero no podrá evitar garantizar el futuro del país vía terceros países.
 
¿Qué le dirá Zapatero a Kerry cuando éste llegue con un nuevo mandato de la ONU para Irak, con el consenso de los principales países de la OTAN y le pida que regrese a Irak para contribuir a la estabilización de la zona? A Rumsfeld Bono puede decirle que mandará un millar de soldados a Afganistán, para compensar, porque al secretario de defensa americano España ya le importa poco. Pero al equipo de Kerry España le importará mucho.
 
Zapatero huyó de Irak por su idealismo izquierdista, sus ganancias electorales y porque el papel de España en el mundo le preocupa poco. Tan poco como el resto del mundo. Lo ha dicho y hecho por activa y pasiva: en Irak ni con ONU ni sin ONU, nunca. Pero si cree que Kerry va ser menos insistente que Bush sobre la contribución europea y española, se equivoca de cabo a rabo. La victoria de Kerry significa menos América en el mundo y más aliados en las crisis, incluido Irak.
 
Por el contrario Bush ya ha dado a España por perdida. De la foto de las Azores a la nada. El trauma ya está creado y sólo debería ir en la dirección de su curación, por lenta que sea. Bush le dejaría tranquilo, en lo militar, a Zapatero. No más demandas, ni un soldado, nada de nada. De tal forma que el presidente español podría cerrar del todo el frente internacional y concentrarse en lo que aparentemente más le preocupa, redibujar el mapa de España y el marco legal que tan bien nos ha servido en los años de democracia. Es una lástima que Zapatero de la impresión de que lo que entiende por política internacional se reduzca a las relaciones de Madrid con Barcelona. Por eso, señor Zapatero, Bush y no Kerry es, en verdad, su hombre.

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