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Por si fuera poco

La estrategia de McCain de no emplearse a fondo en ello hasta un momento muy avanzado, que es cuando esos vitales independientes y algunos otros confusos terminan por aclararse y toman su decisión, ha fallado. Demasiado tarde.

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Éramos pocos y parió Wall Street. Aproximadamente un 15% más de demócratas que de republicanos inscritos en el Censo Electoral –en Estados Unidos no es automático, hay que inscribirse y anotar el partido o la independencia respecto a éstos–; la popularidad del presidente en mínimos históricos; dos mandatos republicanos seguidos; un candidato demócrata carismático; su rival, del que la base conservadora no se fía, con 72 años y un cáncer a sus espaldas, ciertamente superado. Y para colmo la crisis. ¡Ya es difícil tenerlo peor!

Para McCain es necesario que le voten algunos demócratas de Hillary –obreros y rurales blancos– y que algunos otros –o más bien otras– se queden en casa, que los republicanos acudan a las urnas cual un solo elector y que una mayoría bastante fuerte de independientes se incline por él. A tres semanas de la votación, parece imposible si no sucede algo completamente inesperado.

De momento lo más sorprendente de todo le estalló en la cara a la infortunada administración Bush, salpicando de lleno al aspirante a sustituirlo. Las "culpas" de la crisis están muy ampliamente distribuidas por todo el espectro político e incluso en gran parte de la sociedad americana, pero está dentro de la más impecable lógica democrática que a quien está en el poder le toque pagar el pato. Y están los republicanos. En estas circunstancias el público se inclina a cambiar de tiro y probar con la alternativa. Lo sorprendente es que la ventaja de Obama no sea mayor, pero ha ido creciendo continuamente desde que a mediados de septiembre quedó anulado el efecto Palin y está ya en unos cómodos 7,5 puntos. Ya antes de los luctuosos acontecimientos financieros las encuestas arrojaban una mayor confianza en el de Illinois que en el de Arizona en lo referente a la gestión de la economía, exceptuando los impuestos. La gente no se acababa de creer las promesas de rebaja para la mayor parte. Lo grande del caso es que esa desconfianza debería ahora extenderse a toda la política económica. Las creencias de Obama al respecto son depresivas, frenarán la recuperación. Pero no parece posible trasmitírselo a un país escaldado que busca escarmientos.

Este cambio de juego ha arrastrado otro electoralmente importante. Hasta ahora se trataba de un referéndum sobre Obama y la pregunta clave, para los decisivos indecisos, era ¿quién es Obama? La riada financiera parece haberla barrido. Obama sigue siendo igualmente enigmático, el mismo ocultador de sí mismo, un hábil vendedor de imagen de escaso parecido. Pero ya es mucho más difícil plantearlo. La estrategia de McCain de no emplearse a fondo en ello hasta un momento muy avanzado, que es cuando esos vitales independientes y algunos otros confusos terminan por aclararse y toman su decisión, ha fallado. Demasiado tarde. Los grandes medios que tan obsesivamente buscan y exhiben a grandes titulares en primera plana el más venial de los pecadillos de Sara Palin –que si despidió a un policía violento e indisciplinado sin rellenar todos los formularios, por ejemplo– han encubierto con celo y eficacia los al parecer inconfesables episodios de la vida oculta de Obama. Ahora, mientras vapulean a la Palin, protestan enfurecidos contra la "publicidad negativa" de la campaña de McCain. Este rasgo tan común de la dura brega electoral al demócrata no le interesa iniciarlo, por la cuenta que le trae, si bien tarda un par de nanosegundos en responder en especie cuando se ve atacado. Ahora, sus protectores de la gran prensa tienen el robusto aunque falaz argumento de que hay temas mucho más importantes que el extremismo de los compañeros de farra en la anterior vida de su héroe. Como si esas encubiertas compañías no fueran un libro abierto sobre la personalidad, creencias e instintos de quien desde el despacho oval tendrá que salvar al país de la crisis y hacer frente a implacables enemigos exteriores. Pero una vez más parece que conseguirá salirse de rositas y dar gato por liebre. La suerte cuenta.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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