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Primeros apuntes de un viaje inaugural

Bush ha colocado un espejo ante el auditorio donde ha ido proyectando los ideales supuestamente europeos frente a la realidad de sus políticas

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El viaje de Bush a Europa se esperaba con ansiedad. Nunca antes se había conocido una tensión tan grande a ambos lados del Atlántico como la vivida durante la crisis de Irak. Pocas veces los europeos habían deseado tanto la no reelección de un Presidente norteamericano como en la última ocasión. Durante su viaje de exploración, Condoleezza Rice dejó muy claros los parámetros en los que se iba a mover la nueva diplomacia norteamericana, aclarando que las palabras de Bush en su Discurso Inaugural y en el del Estado de la Nación, no eran retórica vacía ni ingenuo idealismo: eran estrategia nacional.
 
Por ahora su intervención más importante ha sido en el Concert Noble bruselense, el pasado lunes. Un texto perfectamente sincronizado con los de Rice, en especial su intervención en Science-Po. Ha sido un curioso ejercicio literario en el que Bush ha reiterado su posición con firmeza. En el Discurso de Inauguración había afirmado que la libertad de los Estados Unidos depende de la de los demás:
 
Los acontecimientos y el sentido común nos han conducido a una conclusión. La supervivencia de la libertad en nuestro país depende cada vez más del éxito de la libertad en otros países. La mayor esperanza de paz en nuestro mundo es la expansión de la libertad en todo el planeta.
 
Toda un acta de defunción del clásico realismo. No podemos derrotar a los enemigos de hoy con medios convencionales, sólo nos cabe transformar sus sociedades, enseñarles el camino de la democracia para que sean sus conciudadanos los que los arrinconen. Este pronunciamiento fue criticado desde Europa con la altivez habitual. Bush era un idealista, un irresponsable imperialista ideológico que iba a poner el mundo patas arriba para tratar de llevar adelante una política imposible. Frente a tales críticas Bush ha matizado en la capital europea:
 
Aprovechar este momento requiere idealismo; debemos ver en cada persona el derecho y la capacidad para vivir en libertad. Aprovechar este momento requiere realismo; debemos actuar sabiamente y enfrentar desafíos difíciles. Y aprovechar este momento requiere cooperación, porque cuando Europa y América van juntas pueden vencer cualquier contrariedad.
 
Hay maldad en esta formulación. Bush ha colocado un espejo ante el auditorio donde ha ido proyectando los ideales supuestamente europeos frente a la realidad de sus políticas. Ha hablado de la democracia palestina, a los que habían defendido a Arafat y financiado a sus organizaciones terroristas; se ha referido a la democracia en Irak, ante los que no fueron, los que huyeron, los que desearon el fracaso del proceso democratizador para así domesticar al Imperio; ha tratado sobre el derecho del pueblo persa a disfrutar de un régimen de libertades, frente a los que reivindican el derecho iraní a ciertas condiciones de seguridad, como si Irán fuera una democracia y no una dictadura empeñada en sacar adelante un programa nuclear con carácter militar... En ese juego Europa aparece indirectamente como lo que es, un conjunto de naciones decadentes dispuestas a pactar con cualquier dictadura con tal de asegurar su bienestar, despreciando las ansias de libertad de millones de personas.
 
De la reunión del Consejo Atlántico celebrada el martes sólo conocemos, cuando escribimos estas líneas, el comunicado de prensa, un maravilloso ejercicio de cinismo atlántico. Acuerdo sobre la comunidad de principios y valores, acuerdo sobre la necesidad de mantener el principio de seguridad colectiva, felicitaciones por el avance de la democracia y compromisos en su promoción. La prueba de cuánta razón tenía el canciller Schroeder cuando en su discurso en Munich señaló que la Alianza había perdido el norte. Después de todo lo ocurrido y de los enormes retos que tenemos ante nosotros este comunicado resulta patético.

Quedan todavía momentos muy importantes en el viaje, como los encuentros programados con Schroeder y Putin. El tono ya lo conocemos, las reacciones están por ver.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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