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Profesionales en el Líbano

No se le puede pedir a un infante de marina o a un legionario que vaya al Líbano para no hacer nada

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Una OTAN más vinculada a la ONU. Este es el deseo que Zapatero ha trasmitido en la cumbre de la Alianza Atlántica en Bucarest. Sin duda no tiene ni la más remota idea de lo que supone para los militares estar bajo el paraguas de Naciones Unidas. Los más de 1.100 efectivos desplegados en el sur del Líbano son el mejor ejemplo. Es la misión favorita de Zapatero por ser una misión de cascos azules y porque se proclama impulsor de la misma. De ella se aprovechó para saldar su déficit de españolidad con un viaje relámpago en las señaladas fechas de Navidad. Pero la boina azul representa la inmoralidad de ser neutral en un escenario hostil y significa atar de pies y manos a los efectivos en sus labores militares.

La Alianza Atlántica lucha para que los mal llamados caveats o restricciones nacionales de los aliados europeos afecten lo menos posible a la capacidad operacional de la OTAN en Afganistán. En el Líbano ni siquiera hacen falta tales restricciones, ya sean escritas o no, porque la ONU y la propia resolución 1.701 representan y restringen por sí mismas mucho más que todos los caveats juntos.

Esta debilidad, junto con la muerte de seis paracaidistas españoles en junio de 2007, ha dado como resultado una amorfa situación en la que nuestras tropas se ven limitadas hasta el extremo en movilidad y en actuación. No se le puede pedir a un infante de marina o a un legionario que vaya al Líbano para no hacer nada, y Alonso no puede engañar a nuestros efectivos prometiéndoles la máxima seguridad cuando aún no se han instalado inhibidores de frecuencia –en los que se ha depositado la confianza para neutralizar artefactos explosivos por control remoto–  en todos los vehículos de nuestras tropas.

Y con todo, nuestros militares no han dejado de ser en ningún momento unos profesionales. Estos días se lleva a cabo el cuarto relevo de las tropas españolas en el Líbano, con Hezbolá como testigo de primera fila mientras se arma hasta los dientes al Norte del río Litani, donde los cascos azules no pueden pasar. Mientras, en Nueva York, una desconocidísima Célula Militar Estratégica de la misión de la UNIFIL dice conducir los planes a nivel estratégico de las tropas de la misión. Pero es la experiencia de nuestros militares españoles en operaciones de la OTAN y, por lo tanto, del conocimiento de los mecanismos y procedimientos aliados, unido a su profesionalidad, lo único que ha salvado hasta hoy al débil mandato de la UNIFIL.

La Base Miguel de Cervantes en Marjayún y todos sus hombres merecen bastante más atención que una breve visita de Zapatero para empaparse de patriotismo. Por ahora hay calma en el sur del Líbano, pero una calma tensa. El reforzamiento de Hezbolá, la incertidumbre sobre la situación de Gadjar, la cuestión de las Granjas de Sheba o las próximas maniobras israelíes en su frontera norte darán de qué hablar.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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