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¿Progresa adecuadamente?

Tras la ofensiva de Marjal, ahora viene la verdadera prueba de fuego con la ofensiva en Kandahar, la capital espiritual del movimiento talibán y allí donde se planearon los atentados del 11-S.

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El departamento de Defensa de EEUU ha publicado un nuevo informe sobre los progresos en Afganistán entre octubre de 2009 y marzo de 2010. Es la primera valoración de la situación en el país desde que la Administración Obama puso en marcha su nueva estrategia, y ha salido a la luz pocos días antes de la próxima visita de Karzai a Washington.

¿Cuál es el balance? La situación es extremadamente compleja y el informe recoge tanto aspectos negativos como positivos. Entre los primeros se incluye que la violencia durante el periodo analizado ha crecido un 87 por 100 con respecto al año pasado, en parte por el mayor número de tropas extranjeras desplegadas que además están llegando a más áreas del país; sólo en 29 de los 121 distritos afganos considerados como los de mayor importancia estratégica apoyan el Gobierno de Karzai; la corrupción gubernamental y la falta de eficiencia son las principales razones para la desconfianza de los afganos hacia las autoridades, una desconfianza que junto con los bajos índices de voto y las informaciones de fraude durante las últimas elecciones presidenciales son considerados por los talibanes como un éxito de la insurgencia; la ofensiva lanzada por cerca de 140.000 soldados paquistaníes contra los talibanes en sus feudos de las zonas tribales del noroeste, fronterizas con Afganistán, no va a tener un efecto inmediato en los intentos por estabilizar en el país; los talibanes han ampliado sus capacidades operativas y su habilidad para reestablecer su influencia y reinfiltrarse en aquellas zonas que han sido "limpiadas" de insurgentes por la ISAF.

El informe señala también algunos progresos: el nivel de violencia se ha reducido en los últimos tres meses; ha mejorado la cooperación entre Afganistán y Pakistán; el 84% del pueblo afgano cree que la seguridad en su país es buena o razonable; más de la mitad de los afganos culpa a los talibanes de la inseguridad en el país; los talibanes están bajo una presión sin precedentes debido a la ofensiva militar paquistaní, que ha conseguido reducir los santuarios insurgentes, y a los arrestos de algunos cabecillas talibanes; existen algunas fisuras entre los grupos insurgentes sobre todo a nivel local.

En general, los avances han sido muy lentos. Además, no desaparece el lastre de la corrupción del Gobierno afgano; los problemas para formar a las fuerzas de seguridad afganas además de la carencia de instructores continúa; y crece el número de víctimas civiles que, aunque en menor medida son consecuencia de las acciones de tropas extranjeras, dañan enormemente la imagen de norteamericanos y aliados.

Pero lo más difícil está por llegar, como asegura el propio general Petraeus. Tras la ofensiva de Marjal –con un resultado ambiguo porque el Gobierno afgano no logra introducir un gobierno local en las zonas que ha "limpiado" la ISAF– ahora viene la verdadera prueba de fuego con la ofensiva en Kandahar, la capital espiritual del movimiento talibán y allí donde se planearon los atentados del 11-S. Petraeus ha afirmado que el inicio de la nueva ofensiva va a ser muy dura porque los talibanes han optado por ordenar a los combatientes evitar el enfrentamiento frontal con las tropas extranjeras e intensificar el uso de ataques a larga distancia como los IED (artefactos explosivos improvisados). Mucha paciencia, es lo que pide el general.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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