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Propaganda vs eficacia

Por mucha foto que se haga Carmen Chacón, la defensa de los intereses españoles en Somalia aún no ha sido satisfecha. Hoy no están más seguros que hace un año.

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Esta semana tocaba foto en África. La mediática ministra de Defensa ha visitado la fuerza de la Operación Atalanta contra la piratería y por primera vez se ha dejado acompañar por senadores y diputados. Quiere acallar a aquellos que la acusan de llevar a cabo una política de incomunicación en el Ministerio de Defensa. Le tocaba alardear de haber acudido prontamente al llamamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en el marco de la PESD, para proteger a los barcos –en especial a aquellos con ayuda humanitaria– de los actos de piratearía. Olvida, sin embargo, que los llamamientos de Naciones Unidas se remontan al año 2006 mientras que las peticiones de los atuneros españoles reclamando protección se han sucedido desde 2005. El interés de éstos no llama demasiado su atención.

El caso es que un año después de producirse el secuestro del atunero español Playa de Bakio, la flota pesquera española está tan desprotegida como entonces. Han pasado cinco meses desde que la operación se ha puesto en marcha y en todo este tiempo los ataques piratas, en lugar de disminuir, han ido a más. Y sin embargo, por mucha foto que se haga Carmen Chacón, la defensa de los intereses españoles en la zona aún no ha sido satisfecha. Hoy no están más seguros que hace un año.

La Operación Atalanta es una misión más propagandística que eficaz, que es como le gustan a la ministra. Lo mismo que la concluida operación de la Unión Europea en Chad y República Centroafricana (EUFOR) en la que participó España, y de la que se espera que en algún momento la ministra tenga la deferencia de hacer una valoración, porque una de las características de su mandato es el oscurantismo y la falta de información. El problema en el caso de Atalanta es que el operativo tiene como objetivo proteger la ruta de los buques mercantes –en particular los que llevan ayuda humanitaria a la región–, y no pueden salirse de los límites establecidos en la operación, dejando desprotegidas las aguas donde faenan los atuneros españoles. Hasta hoy, parece que nadie en el Ministerio de Chacón ni en el Gobierno ha previsto la conciliación de los objetivos de Atalanta con los intereses españoles en la zona. Y hasta hoy, el inmenso esfuerzo político y económico que supone mantener una operación de estas características ha servido de poco.

Tras las quejas de los pesqueros españoles, Chacón ha anunciado durante el viaje a la zona la modificación de la misión española en Somalia, lo que supondrá que el avión de vigilancia marítima que ahora se encuentra en Yibuti para luchar contra la piratería, se traslade temporalmente a Mombasa, para poder proteger a la flota pesquera española. Suponemos que esta vez –para variar– se habrá informado a los colegas europeos de dicha modificación. Por otro lado, el traslado temporal del P3-Orión no solventará totalmente el problema, a lo que hay que unir aún el vacío legislativo en caso de detención de estos corsarios del siglo XXI. Tampoco queda claro el protocolo de actuación de los militares españoles, que si bien ha sido avanzado por Chacón, no revela si incluye la posibilidad de realizar operaciones como las que han protagonizado franceses y estadounidenses para liberar sus barcos.

La operación Atalanta es una operación más llena de incógnitas e incongruencias y que se suma a una larga lista de interrogantes que inundan el Ministerio de Defensa. En este caso, mientras aguardamos respuestas que casi nunca llegan, esperaremos a la siguiente foto de la ministra –que esa sí que no tardará en llegar– rezando para que los piratas no pongan a nuestros barcos en su punto de vista.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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