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¿Qué justicia internacional?

El poder occidental empieza en casa, con una economía que genere riqueza. La incapacidad de invertir en nada, pero en defensa tampoco, procede de economías débiles.

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Mladic, criminal de hace 16 años, ha llegado al Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia, mientras Gadafi sufre la imputación del fiscal del Tribunal Penal Internacional. Sadam y Bin Laden han muerto. ¿Quién ha hecho justicia?

Informa Le Figaro que Trípoli se ha convertido en escenario de detenciones masivas, violaciones, ejecuciones sumarias, desapariciones y enterramientos en fosas comunes. Según fuentes del ministerio francés de Exteriores, Gadafi ha arrestado a 20.000 personas y hay millares de muertos, más de 10.000 en tres meses.

Hay torturas sistemáticas, arrestos contra libios de procedencia oriental, uso de escudos humanos para proteger a Gadafi, presos comunes enrolados para atemorizar a los desafectos. Hay saqueos de hospitales y vigilancia omnipresente. Trípoli intenta preservarse como ciudad Potemkin: se obliga a los comercios a abrir y a los niños a asistir al colegio. El destino presuntamente judicial de Gadafi estará sellado, pero no cabe duda de que la resolución 1973 –proteger a los civiles– está por cumplir.

Hoy Estados Unidos –con Irak y Afganistán incluidos– dedica un 4,5% de su PIB a la defensa. Era un 7,5% durante la guerra fría y un 6,2% en lo más alto del esfuerzo inversor de Reagan. De los europeos, sólo dos se acercan al 3%. La media es 1,7%. Seguimos en Occidente el modelo de Estados del Bienestar sin ejércitos, que no pudiendo ser sufragados por los contribuyentes se subvencionan con deuda... con el resultado crítico a la vista de todos. 

En estas, el ministro americano saliente, Gates, afirma:

Más que ningún otro secretario de Defensa he sido un firme abogado del poder blando; de la notable importancia de la diplomacia y el desarrollo como componentes fundamentales de nuestra política exterior y seguridad nacional. (Pero) que nadie se equivoque, la última garantía contra el éxito de agresores, dictadores y terroristas en el siglo XXI, como en el XX, es el poder duro: el tamaño, la fuerza y el alcance global del ejército de los Estados Unidos."

Nos vanagloriamos por detener criminales del pasado, sin que la declaración de enclave seguro de la ONU salvara en 1995 uno solo de los 8.000 serbobosnios de Srebrenica a los que el concepto de R2P no puede sonar sino a sarcasmo, nos envanecemos por intervenir a favor de los libios, pero no dedicamos un segundo a pensar en lo único que impide las masacres: una fuerza militar superior. 

El poder occidental empieza en casa, con una economía que genere riqueza. La incapacidad de invertir en nada, pero en defensa tampoco, procede de economías débiles, ya antes de la crisis financiera, y de una deuda desmedida que nos somete a fondos de países antidemocráticos. Privilegiamos nuestro bienestar de prestado frente a la defensa de nuestros valores. Esperamos que nos traigan a monstruosos asesinos para fingir que esas barbaridades son susceptibles de juicio, pero no porque seamos demasiado escrupulosos para hacer justicia de verdad, sino porque preferimos gastar a impedir genocidios.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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