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¿Quién gana en Irak?

los chiítas iraquíes aceptan la separación de poderes, aunque estiman que la religión mayoritaria debe inspirar los grandes principios públicos del país

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Ya han salido los resultados de las elecciones en Irak. Y aunque no son todavía definitivos, se pueden tomar como válidos. Con un casi 59% de votantes efectivos, el 48% habrían mostrado su apoyo a la coalición inspirada por el gran Ayatolá Al Sistani, la Alianza de Unidad Iraquí, un 25’4% habría ido a la Alianza Kurda, el 13’6% a la lista del primer ministro Iyad Alaui y el resto a grupos y listas independientes aún por determinar con precisión.
 
Quienes han criticado la intervención y han hecho poco o nada por favorecer la democracia en la zona, ya han comenzado a augurar todo tipo de catástrofe en Irak. Por un lado se afirma que el fundamentalismo está a la vuelta de la esquina; por otro, que el ganador de las elecciones es Irán. Nada más lejos de la realidad. Por varias razones.
 
La primera, que la lista chiíta ganadora no representa a un partido único, sino que es una alianza de diversas fuerzas y personalidades entre las que destacan Adil Abd-al-Mahdi, líder del Consejo supremo islámico para la revolución de Irak, Ibrahim al-jafari, líder del partido islámico Dawah, pero también gente como el científico nuclear Hussein al-Sharistani o el antiguo protegido del pentágono, Ahmed Chalabi. Ahora comienza la negociación interna para la asignación de escaños entre ellos.
 
En segundo lugar, con el 48% de los votos, la Alianza de Unidad puede lograr alrededor de 132 escaños de los 275 de que consta la asamblea constituyente. Es decir, no logra una mayoría absoluta como para poder gobernar sin tener que buscar apoyos de otras fuerzas políticas. Es más, de acuerdo con la legislación actualmente en vigor, la elección por los miembros de la Asamblea del nuevo presidente y primer ministro requiere una mayoría de dos tercios, esto es, de 184 votos a favor. Los kurdos cuentan con unos 70 y Alaui con unos 40. Ninguno de estos dos suficientes como para imponer un candidato propio por si solos pero sí capaces de bloquear cualquier intento de dominación chiíta.
 
En cuanto a la posible victoria de Irán, cabe decir que las escuelas de pensamiento de Al Sistani y los ayatolás de Teherán son antitéticas. Interpretan de manera diferente el Corán y entienden de forma distinta la organización de la vida publica. Donde los iraníes creen en la total supeditación de la política a la religión, los chiítas iraquíes aceptan la separación de poderes, aunque estiman que la religión mayoritaria debe inspirar los grandes principios públicos del país. Pero en todo caso, hay una poderosa razón que demuestra por qué Irán no es el ganador de este proceso democratizador: que no quiere realizar elecciones realmente libres en su propio suelo.
 
Quien de verdad ha ganado con estas elecciones es la libertad y el pueblo iraquí. Y no hay que darle más vueltas.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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