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Roma no paga traidores

Rubalcaba podría dar la cara ante los españoles y contarles por qué su política penitenciaria está enfocada a permitir que los asesinos de muchos españoles salgan a la calle.

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Roma no paga traidores. Rubalcaba sí. Los enemigos de la democracia y de los españoles, los asesinos de múltiples inocentes, tienen ya la confirmación de que, de la mano del ministro del Interior, pueden salir a la calle cumpliendo pocos requisitos. Para ellos, la política penitenciaria de Rubalcaba vuelve a ser –como hace cuatro años– una ventaja considerable; desde otro punto de vista menos criminoso, se trata de una traición en varias direcciones. 

En primer lugar, es una traición al espíritu de la propia ley, del Reglamento Penitenciario. Rubalcaba nos introduce otra vez en el espíritu retorcido, oscuro y manipulador de la negociación del año 2006: el ministro sabe perfectamente, como todos nosotros, que los asesinos de ETA están en la cárcel por haber asesinado a decenas de personas inocentes, al margen de si son de ETA o no. Pero es peor: en España, en manos del ministro de Interior está impulsar la política penitenciaria hacia la dureza y la fortaleza ante ETA, o impulsarla hacia los beneficios y la mano tendida a los etarras. Rubalcaba ha demostrado que en lo que está es en lo segundo, en utilizar todos los instrumentos que el Reglamento Penitenciario le deja para favorecer a los presos etarras.

En segundo lugar, es una traición al sentir mayoritario de los españoles. En todas las encuestas, éstos muestran mayoritariamente su apoyo a que los terroristas cumplan íntegramente las penas y no utilicen subterfugios legales para salir de la cárcel con –como en el caso de los terroristas de Nanclares de Oca–, cientos de años de condena por crímenes a sus espaldas. Al menos, en vez de utilizar manipuladas y manipuladoras filtraciones a El País, Rubalcaba podría dar la cara ante los españoles y contarles por qué su política penitenciaria está enfocada a permitir que los asesinos de muchos españoles salgan a la calle.

En tercer lugar, es una traición a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cuyos sindicatos policiales están ya poniendo el grito en el cielo ante un escándalo que es la continuación directa del escándalo De Juana: la interpretación torticera de la ley para ir contra el espíritu de la ley, que es de firmeza ante los terroristas. El papel de Rubalcaba aquí está consistiendo: primero, en el acercamiento selectivo de presos al País Vasco; segundo, en la concesión de beneficios penitenciarios; tercero, en la excarcelación de terroristas. Rubalcaba tendría que explicar a los miembros de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía porqué está dejando en libertad a los asesinos de muchos de ellos.

Pero sobre todo, la traición es a las víctimas. Ni en los peores años de los años de plomo, ni cuando HB paseaba el crimen impunemente por las instituciones, ni incluso cuando los escándalos en el Ministerio del Interior, las víctimas dejaron de confiar en el Estado de Derecho. Bastante sufrieron ya cuando –en la negociación teledirigida por Rubalcaba–, su memoria, su dignidad y su justicia fueron pisoteadas una y otra vez. Ahora, como con De Juana, ninguno de los etarras excarcelados por Rubalcaba ha mostrado nunca su arrepentimiento a los españoles, o ha pedido perdón a las víctimas. No será porque éstas no han sido generosas en el pasado con los etarras realmente arrepentidos; pero no es el caso, desde luego. A lo más que han llegado los presos es a desvincularse de la banda, a querer abandonar su situación en la cárcel y tratar de salir de ella para continuar su vida. Convertir esto en signo de arrepentimiento y de petición de perdón a las víctimas es una muestra de sarcasmo, demasiado grosera incluso para el propio Rubalcaba.

Estamos otra vez ante la utilización por parte del ministro del Interior de los resquicios de la ley contra el espíritu de la ley, dentro del marco de la negociación que dirigentes socialistas mantienen con Otegui. Los socialistas negocian, y el Gobierno está utilizando la política penitenciaria para impulsar el nuevo "proceso de paz" o la continuación del proceso, como el lector prefiera. En cualquier caso, la actitud de Rubalcaba, que de nuevo sale a jugársela tras los escándalos que arrastra de la anterior legislatura –caso Faisán, informes de verificación, bienvenida etarra, entre otros– demuestra que las negociaciones van en serio, que el proceso se ha acelerado y que los próximos meses serán decisivos para un nuevo proceso de rendición del Estado hacia ETA. Hemos vuelto al punto de partida en 2005, pero a peor: en el año 2006, la "rebelión cívica" de Alcaraz paró a Zapatero.

¿Quién lo hará ahora?

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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