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¿Se puede ayudar a Somalia?

Se ha puesto fecha de caducidad al gobierno de transición, acabando con una falsa pretensión de que existía una autoridad gubernamental somalí

GEES
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Con la atención mundial puesta en Siria, Irán y Grecia, Somalia consiguió el pasado fin de semana abrirse un hueco en los medios. Una conferencia internacional organizada por el gobierno británico -lejos de los protagonistas y con escasa representación somalí-  ha sido la causante. El objetivo: encarrilar de una vez por todas el rumbo del Estado fallido por excelencia, el que se estudia en todos los manuales de relaciones internacionales, el que cumple todos los requisitos de falta de autoridad, legitimidad y capacidad gubernamental, que vive en una permanente situación de conflicto, que arrastra una tremenda crisis humanitaria y donde el colapso económico es total.

Parecía el momento idóneo: duras ofensivas -muchas de ellas con drones norteamericanos- contra Al-Shabaad en su propio terreno; la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de la extensión e incremento del número de tropas de la misión de la Unión Africana (UA) en el país; y algunos progresos políticos.

El gobierno británico es quien ha impulsado este enésimo intento enfatizando la importancia que la estabilidad de Somalia tiene para los intereses británicos, y por otro lado enviando el mensaje de que el futuro del país africano está en manos de los propios somalíes. Aunque no todos están de acuerdo, a tenor de las protestas que hubo fuera del recinto donde se celebraba la reunión. En cualquier caso, la conferencia ha ido al final una lista de buenos deseos más que un plan de acción. Lo de siempre.

Las posiciones internacionales siguen siendo muy divergentes, o más bien los intereses. Los norteamericanos llamaron la atención sobre Al-Shabaab; los qataríes y turcos hicieron hincapié en el desarrollo económico sostenido; Kenia pidió ayuda para hacer frente a los abarrotados campos de refugiados; los etíopes justificaron su reciente incursión militar; y los ugandeses advirtieron contra la interferencia internacional. Al final se emitió un comunicado filtrado una semana antes en Internet y en el que apenas hubo alteraciones en la versión final. Es decir, que la conferencia no sirvió para nada.

Lo único positivo es que se ha puesto fecha de caducidad al gobierno de transición de Somalia, acabando con la falsa pretensión de que existía una autoridad gubernamental somalí. Durante sus ocho años de existencia, en raras ocasiones ha extendido su autoridad más allá de una pequeña porción de Mogadiscio, y eso a pesar de la asistencia británica, de Estados Unidos, del apoyo militar de Etiopía y de la Unión Africana. Además, durante este periodo Somalia se ha convertido en el país más corrupto del mundo. El problema es que, según el comunicado de la conferencia, el control pasará en agosto a una autoridad aún sin definir. Además habla de nueva constitución, de un referéndum, de elecciones, de un nuevo presidente, de un primero ministro y parlamento. Un escenario que tendrá sentido en otros lugares del mundo pero no en la anárquica Somalia.

¿Para qué tanta conferencia? Ahora hay que preparase para un nuevo fracaso.

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