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Secretitos de reunión

Ya se habló en su día del cruce de misivas entre ambos presidentes donde, tras el llamamiento de ZP a la deserción de Irak hecho desde Túnez, Bush le dejó por escrito que “usted señor Presidente, ha vuelto, una vez más, a rendirle honores a Bin Laden”

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Zapatero declaró solemnemente a la prensa que él no quería ser un gran líder, sino un buen demócrata. Talante y transparencia eran sus supuestas cualidades. Pues bien, ha dado buenas muestras en todos estos meses de que su talante se corresponde más con el de un estalinista más que con el de un demócrata de bien y en lo relativo a su transparencia...
 
Desde que ganó las elecciones, Zapatero y su gobierno ha mantenido, que se sepa, tres reuniones secretas de gran calado: la primera, aún antes de tomar posesión como ministro de defensa, a comienzos de abril, con un José Bono viajando discretamente a Nueva York con su familia para desde allí dar un salto camuflado a Washington y entrevistarse con el secretario de defensa americano, Donald Rumsfeld. En esa ocasión Bono vino a decirle al americano que la promesa de retirarse de Irak era muy importante, pero que él haría que el gobierno, compuesto por gente sin experiencia ni pragmatismo, lo hiciese de una manera ordenada. Los americanos entendieron que de una forma consensuada en la forma y en el tiempo y no le perdonan a Bono el haberse enterado de la decisión de la retirada apresurada por los teletipos.
 
La segunda reunión tuvo lugar en Nueva York, con motivo de la presencia de ZP en la Asamblea General de la ONU. En esta ocasión, el presidente del gobierno socialista forzó una entrevista con Rupert Murdoch, en el despacho de éste encima de las instalaciones de su cadena de televisión, la Fox, en la 7ª avenida. Murdoch le ofreció un desayuno de trabajo. Todos esperaban que el interés de Zapatero estuviera en engatusar a Murdoch con la compra de Canal digital, facilitando así los supuestos planes de Polanco por hacerse con una señal en abierto. Por lo que cuentan en Nueva York, el desayuno resultó, al final, ser simplón y lleno de generalidades. Sorprendente cuando fue el jefe del gobierno español el que hizo su visita a Murdoch y no al revés, como el protocolo hubiera marcado. Claro, que como la reunión era secreta...
 
El tercer encuentro, que abre la nueva categoría de “discreto” (esto es, una reunión secreta, que no se anuncia, que no se recoge en la agenda oficial, que no se difunde desde las oficinas de prensa oficiales, pero que es descubierta por la buena labor de algunos reporteros) acaba de tener lugar entre José Bono, de nuevo, y el dictador venezolano Chávez. No es la primera vez que se ven ambos, pues Bono, de regreso de Colombia hace unos meses, ya cambió la ruta de regreso para acomodar una visita a su amigo de Caracas, quien le recibió en el aeropuerto con unas azafatas lustrosas dispuestas a llevarse a los acompañantes de Bono, incluidos los miembros de la oposición, de compras mientras ellos dos hablaban de sus cosas. Esas cosas que tampoco sabemos cuales han sido esta vez. Pero nos las imaginamos y nos las tememos.
 
A todo esto cabría añadir la correspondencia secreta, por ejemplo, entre Zapatero y Bush. Ya se habló en su día del cruce de misivas entre ambos presidentes donde, tras el llamamiento de ZP a la deserción de Irak hecho desde Túnez, Bush le dejó por escrito que “usted señor Presidente, ha vuelto, una vez más, a rendirle honores a Bin Laden”, entre otras lindezas que se ocultan en algún lugar de La Moncloa. Pero ese no ha sido el único caso, también está la misiva que Zapatero le envió el pasado 24 de diciembre, tan urgente que tuvo que recurrir a instancias más altas que él para que Bush la recibiera a tiempo a pesar de las fiestas. ¿Le desearía felices Navidades?
 
Continuará.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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