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Segunda derrota de Zapatero

De derrota en derrota –todas merecidas pero injustas con el pueblo español– el gobierno de Zapatero está dejando a España a la altura de la suela de sus zapatos.

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El actual presidente español, Rodríguez Zapatero sufrió una derrota estratégica con los resultados de las presidenciales americanas y la aplastante reelección de George W. Bush. El nombramiento de Condoleezza Rice como sucesora de Powell al frente del Departamento de Estado supone una nueva derrota para la línea del Gobierno español. Y no sólo en su relación bilateral con Norteamérica, sino en sus relaciones con el resto de socios y aliados en toda una batería de temas que pronto estarán en la agenda de la política internacional.
 
Condoleeza Rice ha estado bien próxima al presidente americano y aunque inicialmente se la solía adscribir a la zona de influencia de Colin Powell, teóricamente más realista y pragmático que el resto de miembros de la administración americana, ha acabado claramente alineada con las tesis más favorecedoras de acabar con el status quo en las relaciones internacional. Con Europa, con Oriente Medio, con Rusia...
 
Condi, como la llaman sus allegados –muy pocos en España y ninguno de ellos en las filas del partido socialista o del Gobierno de Zapatero– ha tenido en estos críticos meses –y sigue teniendo– encima de sus mesa el dossier España. Ha criticado duramente la postura de Zapatero sobre Irak y la transformación del Gran Oriente Medio, sabe perfectamente lo que su jefe piensa del actual Ejecutivo español y le ha servido hasta el punto de impedir que el departamento de Estado de Colin Powell suavizara el durísimo tono de la misiva que George W. Bush le envió a Zapatero para mostrarle su rechazo a la tristemente famosa rueda de prensa de Túnez, donde el presidente español hizo un llamamiento a la deserción a los miembros de la coalición que estaban en Irak.
 
Pero hay más. Si la doctora Rice va al Departamento de Estado, donde dicho sea de paso, no quería ir, se debe a dos poderosas razones: porque sabe cuál es la agenda del presidente americano, a la que es fiel; y porque Bush ya no cree que necesite consejos de un Powell, sino alguien que haga lo que tiene que hacer según él. La agenda internacional del segundo mandato requiere que el Departamento de Estado no sea un obstáculo, sino una maquinaria a su servicio. El Departamento bajo Rice no va a ser tan conciliador como con Powell. Y menos con el Gobierno de Zapatero.
 
Por otro lado, la agenda internacional tiende a relegar a la España socialista. El actual Ejecutivo no pinta nada en las conversaciones con Irán sobre su programa de enriquecimiento de uranio para fines militares. Y mucho menos en la estrategia americana de contra proliferación; por mucho que le pese a Moratinos, España tampoco tiene nada que jugar en el nuevo proceso de paz entre Israel y los palestinos. Mientras que en Exteriores siguen lamentando la desaparición de Arafat, otros socios europeos, entre los que se cuenta el supuestamente mentor de la España zapateril, Francia, ya han iniciado las discusiones con Washington sobre qué hacer y cómo hacerlo. Son sólo dos ejemplos de cómo Zapatero, con su irresponsable política de enfrentamiento a Bush no sólo ha conseguido que dejemos de existir en los Estados Unidos –y eso es lo menos malo que nos podía pasar–, sino que no seamos tampoco nadie entre nuestros aliados europeos que hacen cuanto quieren sin consultarnos. De derrota en derrota –todas merecidas pero injustas con el pueblo español– el Gobierno de Zapatero está dejando a España a la altura de la suela de sus zapatos.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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