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Sin esperanza

El éxito de la valla ha potenciado el desarrollo de una forma de combate que venía de atrás, pero que ahora cobra nuevo impulso: la utilización de cohetes

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Igual que los empresarios tratan de adaptar sus negocios a un mercado cambiante, los terroristas acomodan sus tácticas a la capacidad de resistencia de sus enemigos. Un estado democrático puede lograr una alta eficacia en la lucha contra una determinada forma de terrorismo, para descubrir, a la vuelta de la esquina, que éste ha adoptado nuevas formas de combate.
 
Israel optó por establecer una valla de seguridad, el famoso "Muro", para separarse de las comunidades árabe-palestinas y evitar así la incursión de terroristas suicidas, la última y más perversa de las formas de combate de los grupos terroristas, islamistas o no. La construcción de la valla está lejos de finalizar y la reducción de atentados de esas características ya se ha notado drásticamente. Más aún, los habidos recientemente han ocurrido en zonas donde no existe valla o en sus accesos.
 
El éxito de la valla ha potenciado el desarrollo de una forma de combate que venía de atrás, pero que ahora cobra nuevo impulso: la utilización de cohetes. Si la valla no se puede cruzar habrá que lanzar la bomba desde el otro lado.
 
El grupo chiíta libanés Hezbolá, mantenido desde Irán y Siria, comenzó a desarrollar esta tecnología, que enseñó a los fundamentalistas de Hamás. En homenaje al islamista sirio Izz al-Din al-Qassam –que huyendo de las autoridades francesas se instaló en los años 20 en Palestina, donde organizó acciones terroristas– los cohetes de fabricación casera fueron bautizados con su nombre, Qassam. El baluarte de Gaza se convirtió en zona favorita para su montaje y utilización y los enclaves israelíes próximos, ya sean asentamientos o ciudades de soberanía, en sus objetivos favoritos.
 
El incremento de lanzamientos de cohetes pone en duda dos de los cuatro argumentos principales que llevaron a la construcción de la valla:
 
1. La seguridad frente a los ataques terroristas no está garantizada. Por un tiempo estos lanzamientos carecerán de precisión, pero con el tiempo mejorarán y lograrán impactar sobre objetivos de mayor valor.
 
2. La retirada de las tropas de territorios administrados por la Autoridad Palestina no será definitiva. Periódicamente deberán realizar incursiones contra enclaves terroristas, para poner fin a sus centros de fabricación, de mando y control o a concentraciones de militantes.
 
Los dos restantes siguen en pie:
 
1. Evitar que una Cisjordania unificada bajo soberanía israelí se convirtiera, por resultado de un desigual comportamiento demográfico, en un estado de mayoría árabe.
 
2. Dotar a la comunidad judía de una renovada conciencia moral, que les permita mantenerse unidos en la defensa de su derecho a existir. Una conciencia que había entrado en crisis desde el desarrollo de los asentamientos, auténtico tumor en la identidad israelí.
 
Israel ha ganado cuatro guerras y dos intifadas. La amenaza de los atentados suicidas disminuye, pero sólo para dar paso a nuevas formas de lucha. En el futuro la convergencia de las distintas crisis de Oriente Medio, en torno al reto islamista, y la utilización de misiles y armamento de destrucción masiva caracterizarán una nueva fase de un conflicto cuyo fin no se intuye.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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