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Sócrates en La Moncloa

Cualquiera que espere una argumentación o una justificación racional de la política antiterrorista global y nacional, se encontrará con las palabras inconexas, las frases inacabadas y los problemas de vocabulario de Zapatero, De la Vega o José Blanco.

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Sin duda, los lectores que no han pasado por la máquina trituradora de materia gris que es la LOGSE, recuerdan de su adolescencia la teoría socrática del "intelectualismo moral". Para el filósofo griego, la causa de que los hombres hicieran el mal estaba en el desconocimiento que tenían de lo qué era el bien. La explicación de por qué los seres humanos obraban mal estaba en la ignorancia de qué era lo que estaba bien.

Mucho se ha especulado acerca de la actitud del Gobierno de Zapatero acerca de materias muy importantes, especialmente en lo relativo a la seguridad y la defensa, la política exterior y la seguridad interior. En lo relativo al terrorismo islámico, en vano encontrará el lector un solo análisis serio y solvente sobre el tema; ninguna comparecencia, ninguna rueda de prensa contiene una argumentación estratégica acerca de Irak, Al-Qaeda o la situación de España ante el yihadismo. Cada vez que el Gobierno abre la boca sobre el tema, lo hace para descalificar a Aznar, insultar a Bush y mirar para otro lado cuando los yihadistas asesinan en Bagdad a inocentes iraquíes.

Pero en el caso del terrorismo doméstico la cosa no va mejor. Sin venir a cuento, sin haberlo justificado o razonado, el Gobierno se ha metido en una negociación con ETA suicida para el Estado, y quizá también para el propio PSOE. Y, metido en faena, la deriva del Gobierno espeluzna las leyes de la lógica, incluso las de la de la negociación. Eso sí, la culpa de que sea incapaz de articular una explicación lógica a la que está montando, la tienen Rajoy, la COPE o las víctimas del terrorismo. De lo demás, no sabe, no contesta.

Cualquiera que espere una argumentación o una justificación racional de la política antiterrorista global y nacional, se encontrará con las palabras inconexas, las frases inacabadas y los problemas de vocabulario de Zapatero, De la Vega o José Blanco. En cada comparecencia, en cada rueda de prensa, no sólo maltratan las nociones básicas de diplomacia, relaciones internacionales, defensa o derecho internacional, sino el discurrir recto de la lógica y la gramática. No es que no acierten; es que no saben qué es eso de acertar, y consiguen hacer las cosas mal con un encomio inexplicable.

Antes aún que las catástrofes que deja a su paso, el problema del Gobierno de Zapatero es su nula capacidad de establecer un discurso y un análisis racional y razonado. A los tres años de mandato, Blanco, López Garrido y compañía cuentan sus comparecencias por ataques histéricos contra el PP, la derecha, la extrema derecha, la derecha extrema y no se sabe bien cuantas cosas más. La gente de Zapatero muestra un profundo malestar, una rabia incontenida, una profunda desdicha ante el resto del mundo. Lo que a nosotros nos trae a la memoria las palabras de Sócrates a Menón; ¿qué otra cosa es ser desdichado, sino desear las cosas malas y conseguirlas?

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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