Menú
GEES

¿Tiene futuro el Tratado de No Proliferación?

Dejando que Ahmadinejad escurra el bulto se está sembrando el veneno que acabará por poner fin al propio Tratado, pues cuando Irán tenga la bomba no será ninguna sorpresa si Arabia Saudí y otros también se hacen con ella, a modo de equilibrio estratégico.

GEES
0

Hoy se ha abierto la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación. Este Tratado se firmó en 1968 con el objetivo de detener una carrera de armamentos nucleares de naturaleza horizontal, esto es, de evitar que el número de potencias atómicas creciera. Su vigencia se revisa cada cinco años.

El TNP ha tenido un éxito relativo. En 1968 sólo cinco países contaban con armas nucleares y hoy son ya ocho. El Casio de Israel aparte, ya que no es signatario del texto. De por medio se han quedado Sudáfrica, que llegó a fabricar clandestinamente media docena de bombas atómicas que acabó destruyendo al final del apartheid, el Irak de Saddam, que no llegó a fabricarla por los bombardeos de Osirak en 1981 y de la primera guerra del Golfo en 1991; y Brasil y Argentina, que abandonaron recíprocamente sus sendos programas nucleares. Corea del Norte, India y Pakistán, los sonados fracasos.

Los defensores del TNP ven en esta limitada proliferación un más que notable éxito; sus detractores, que no se ha debido a los constreñimientos del Tratado, sino a otras razones. Y que, como está demostrado, aquel país que ha querido tener armas nucleares, las ha conseguido. Sea como fuere, el pasado, pasado está, aunque nos pueda iluminar y mucho el presente y el futuro.

De esta conferencia sólo cabe esperarse dos cosas: una declaración de buena voluntad norteamericana, cuyo presidente está dispuesto a revelar por primera vez lo que ha sido un secreto a voces, el tamaño real de su arsenal nuclear, cabeza a cabeza; y, en segundo lugar, la cortina de humo que Mahamud Ahmadinejad querrá lanzar para centrar la atención sobre los arsenales existentes y que no se hable de su programa clandestino para hacerse con la bomba atómica. 

Puede que haya una tercera sorpresa si los Estados Unidos azuzan lo suficiente a Egipto y éste patrocine una zona libre de armas nucleares en el Oriente Medio.

Ninguna de las tres augura nada bueno para los intereses estratégicos occidentales. Primero, porque la desclasificación de la hasta ahora composición del arsenal nuclear norteamericano no servirá de ejemplo para nadie y sí hará saber a todos las capacidades reales y los objetivos accesibles de sus armas; segundo, dejando que Ahmadinejad escurra el bulto se está sembrando el veneno que acabará por poner fin al propio Tratado, pues cuando Irán tenga la bomba no será ninguna sorpresa si Arabia Saudí y otros también se hacen con ella, a modo de equilibrio estratégico. De ocho se pasará a 15 potencias nucleares de la noche a la mañana; tercero, una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio sólo serviría para desarmar estratégicamente a Israel, el único país suficientemente honesto como para cumplir con las normas. Nadie a estas alturas se sorprendería si Irán prosiguiera con su programa nuclear violando sus compromisos internacionales. Al fin y al cabo es lo que ha venido haciendo los últimos 20 años.

Y lo peor de todo es que este circo atómico, más bien una surte de farsa, está directamente alimentado por Barack Obama al que las armas nucleares le provocan al parecer una rápida urticaria, aunque sean suyas.

Lo mejor que podría ocurrir, por tanto, en Nueva York esta semana es que, como tantas otras veces, todo se quede en retórica y cocktails para las delegaciones que salen disparadas de la sala de reuniones para invadir los grandes almacenes neoyorkinos.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

En Internacional

    Lo más popular

    0
    comentarios
    Acceda a los 1 comentarios guardados

    Servicios