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¿Tiene futuro la OTAN?

El problema de Schroeder es que quiere más Alemania pero menos América en la OTAN (y en el mundo, dicho sea de paso). Y ese es el mejor camino para dictar la defunción de la OTAN como organización de seguridad y defensa colectiva

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La OTAN no es el foro donde se discuten los verdaderos asuntos estratégicos, acaba de declarar el canciller alemán Gerhard Schroeder. De ahí que proponga la creación de una comisión de sabios que estudien la forma de reformar la Alianza con el objetivo último de reforzar su vertiente más política a la vez que equilibrar las relaciones entre ambas orillas del Atlántico.
 
Schroeder, por una vez, tiene razón: la OTAN es un remedo de lo que fue y, hoy por hoy, es más una organización marginal que otra cosa, por mucho que el discurso oficial se empeñe en negarlo. Los hechos no perdonan y que la organización de defensa más importante del mundo, en teoría interesada por cualquier tema que ponga en peligro la seguridad internacional, sin condicionantes ni límites geográficos, haya estado ausente en el tema de Irak, no es ni irrelevante ni casual.
 
Ahora bien, la situación penosa en la que se encuentra la Alianza Atlántica es el producto de las decisiones y actitudes de algunos de sus miembros, muy especialmente de Francia y la propia Alemania, quienes al filo de la crisis de Irak han constituido un grupo junto con Bélgica y ahora la España de Zapatero, con el objetivo último de impedir que la organización se aliene con las tesis estratégicas de Washington. A pesar de sus buenas palabras de acogida a Condoleezza Rice, hoy es todavía el día que esos mismos países siguen negándose a fusionar el mando de la fuerza de estabilización en Afganistán (ISAF), de la OTAN, con el de la operación Libertad Duradera, bajo manos americanas. Y todo con la excusa de que la OTAN no debe verse involucrada en misiones de contraterrorismo o contranarcóticos.
 
La OTAN ha pasado la década de los 90 adaptándose al escenario post guerra fría, esto es, el de los conflictos étnicos de los Balcanes. Y desde finales de los 90 intentado adaptarse a un entorno estratégico global. Pero no lo ha conseguido. Esencialmente por la falta de voluntad política de unos pocos y, como consecuencia, del escaso esfuerzo presupuestario de los europeos para dotarse de los medios con los que conducir las operaciones a las que, en teoría, se han comprometido a participar. El grado de inoperancia de la Fuerza de respuesta Rápida de la Alianza es un buen ejemplo de esta pereza europea.
 
Ahora bien, si Schroeder tiene razón en el diagnóstico, yerra por completo en la terapia. De momento ya anticipa los resultados del estudio, pues no concibe amenaza militar sobre suelo europeo y sí ve muchos problemas en el mundo que no son de naturaleza militar. Lo que calla ladinamente es que puede permitirse esa peculiar visión de la realidad porque cuenta con que los americanos estarán siempre ahí para, finalmente, sacar las castañas del fuego si las cosas se ponen de verdad fea.
 
El problema de Schroeder es que quiere más Alemania pero menos América en la OTAN (y en el mundo, dicho sea de paso). Y ese es el mejor camino para dictar la defunción de la OTAN como organización de seguridad y defensa colectiva. Porque lo que se necesita realmente es lo opuesto: que los europeos se hagan más americanos en lo concerniente a la defensa. Europa tiene un exceso de tropas y de plataformas militares (para qué quiere, por ejemplo, un país como España más de 200 carros pesados Leopard, si no puede moverlos ni desplegarlos más allá de nuestro propio suelo si es que es verdad, como dice el canciller alemán, que no está amenazado, pero le falta voluntad de combate y capacidad expedicionaria.
 
Ese debería ser el verdadero objetivo del grupo de sabios. Intentar sentar unos principios estratégicos indiscutidos sobre los que pasar la planificación y las actuaciones aliadas. Si encontrar un consenso real sobre cómo, cuándo y contra qué recurrir al empleo de la fuerza, entonces sería mejor abandonar la OTAN y construir algo nuevo con aquellos que estuvieran convencidos de lo que les une y de cómo actuar conjuntamente para dar solución a los problemas. Seguramente sería una gran coalición muy parecida a la OTAN actual, solo que sin Francia, Alemania, Bélgica y la España menguante de ZP.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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