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George Bush ha dejado claro que hay una gran diferencia entre los que combaten el terrorismo, como él, y los que dicen que quieren combatir el terrorismo pero no actúan en consecuencia.

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George W. Bush será un "pato cojo" pero todavía puede caminar. Tras su discurso a la nación desde la biblioteca de la Casa Blanca se despejó la incógnita: 21.500 soldados se desplegarán en Irak. Ante todo, ha ignorado las dos principales propuestas del aclamado informe Baker-Hamilton. En este documento se recomendaba una retirada gradual de las fuerzas de combate para principios del 2008. El presidente ha decidido enviar más de 20.000 refuerzos por un periodo sin definir. En el ámbito diplomático, el informe apostaba por incluir en la mesa de negociaciones para la estabilidad en Irak a Irán a Siria. Bush está decidido a acabar con las redes que desde Irán y Siria proporcionan material y apoyo a los terroristas en Irak.

El presidente norteamericano no sólo ha asumido los errores cometidos en Irak sino que ha desafiado a todos. Ha plantado cara a aquellos que dentro de su propio partido y del Pentágono ya no creían en la victoria, ha retado a todas las voces que pedían una retirada de las tropas norteamericanas, ha arrojado el guante a la cara de aquellos que dicen que quieren combatir el terrorismo sin pisar el campo de batalla. Pero, sobre todo, ha dejado claro una vez más que la lucha en Irak es una parte importante de otra gran batalla que es la guerra global contra el terrorismo, la misma que golpea las inhóspitas tierras de Afganistán o Somalia. En medio de la adversidad ha corroborado la estrategia y la política exterior que guió a la administración Bush tras los atentados del 11 de septiembre.

El discurso de Bush también ha sido un tirón de orejas al gobierno de Al-Maliki para que de una vez por todas asuma sus responsabilidades y sus obligaciones como Estado y, por lo tanto, pueda cumplir con su compromiso de ofrecer seguridad. No va a ser nada fácil, desde luego, ni para los iraquíes ni para los norteamericanos. Hay que vencer a los terroristas de Al-Qaeda, a los suníes nostálgicos del anterior régimen y las violentas milicias chiíes de Moqtada al-Sadr. ¿Y cómo derrotar a todos estos enemigos, qué doctrina militar aplicar? La respuesta la podemos encontrar en el nombramiento, hecho público dos días antes del discurso de Bush, de los generales William Fallon y David Petraeus para reemplazar a John Abizaid y George Casey, los dos principales mandos norteamericanos en Oriente Medio y en Irak. El teniente general Petraeus, hasta ahora encargado de entrenar a las fuerzas de seguridad iraquíes, es un acreditado estratega y comandante del Combined Arms Center de Fort Leavenworth, donde a mediados de diciembre se publicó online un extenso manual de contrainsurgencia para las operaciones del Ejército y de los Marines. Su nombramiento puede suponer un cambio importante en la estrategia militar norteamericana.

George Bush ha apostado por la victoria y por la única vía para conseguirla, aunque no será fácil. Pero también ha dejado claro que hay una gran diferencia entre los que combaten el terrorismo, como él, y los que dicen que quieren combatir el terrorismo pero no actúan en consecuencia. "Podemos prevalecer y lo haremos". Esperemos que así sea.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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