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Un año después...

Si Ruanda tardó al menos diez años en recuperarse, a Sudán del Sur aún le quedan nueve para demostrar que puede salir adelante.

GEES
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El 9 de julio Sudán del Sur celebró su primer año de vida. No fue la gran ceremonia del año pasado, pues esta vez no acudió el presidente sudanés, Omar al Bashir; tampoco el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon. Pero sí la mayoría de los presidentes de los países vecinos, que son los que más apoyaron la creación del nuevo Estado. Sin embargo, el balance de estos doce meses no ha sido muy positivo.

Muchos miembros del Gobierno ven en Ruanda el espejo en el que mirarse, un país recuperado, rehabilitado y con esperanza. Desde de los terribles episodios de genocidio de los 90, llevó a cabo un proceso de transición para establecer la unidad y la reconciliación nacionales. Se adoptaron medidas de desmovilización y reintegración de combatientes, y se puso en marcha una estrategia de desarrollo a largo plazo.

Pero si nos fijamos en Sudán del Sur, la unidad de la población, mostrada durante décadas de guerra civil, se ha roto en los últimos doce meses, en los que han estallado numerosos conflictos interétnicos. Las instituciones y las infraestructuras están arrancando prácticamente desde cero, y con muy escasos fondos. El proceso de desmovilización y reintegración ha arrojado pocos frutos, en parte por la intensificación de los choques en la frontera con Sudán, por el tremendo y constante flujo de armas que circulan por el país, muchas de ellas suministradas por Jartum. Por último, la crítica situación económica impide acometer estrategia alguna de desarrollo a largo plazo.

La guerra económica lanzada por Sudán, con el incremento del precio del transporte del petróleo sursudanés por sus oleoductos, llevó al Gobierno de Juba a detener la producción de crudo en enero. La principal consecuencia ha sido la pérdida de todas las ganancias derivadas del petróleo, que suponían el 98% de los ingresos públicos. Juba necesita urgentemente dinero prestado, mientras la inflación sube y el temor a que los ciudadanos pierdan la confianza en el Gobierno y en el futuro de país crece. El propio presidente Salva Kiir subrayó en el discurso que marcó el primer año de independencia la urgente necesidad de que el país sea independiente económicamente, en referencia tanto a los oleoductos del norte como a la necesidad de diversificar la economía.

Sudán del Sur necesita cerrar otros capítulos y frentes abiertos, como la demarcación definitiva de la frontera, la vuelta y absorción de los sursudaneses huidos durante la guerra civil, la creciente corrupción y los problemas interétnicos. Sin olvidar posibles problemas futuros, como el reparto de las aguas del Nilo, donde se enfrentará, presumiblemente, con Sudán y Egipto, con peligrosas consecuencias.

A pesar de todo, la población sigue creyendo en su joven país, y muchos vecinos también. Si Ruanda tardó al menos diez años en recuperarse, a Sudán del Sur aún le quedan nueve para demostrar que puede salir adelante.

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