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Un claro error

Para salir del atolladero hay una salida que es poco probable que se adopte: reforzar –y mucho– su mandato. También podemos salir corriendo, sin admitir el error, y echar la culpa a otro, por ejemplo a Israel.

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Según la legislación libanesa, se necesitaría la dimisión de más de ocho ministros (un tercio de los 24 cargos) para que se considerara al gobierno automáticamente disuelto. Pues ya van siete. Primero los ministros libaneses de Hezbolá y sus aliados del partido chií Amal –un total de cinco a los que se uniría días después un ministro greco-ortodoxo– pronunciaron su dimisión en bloque. Alegaron que se debía al fracaso de las conversaciones entre todos los partidos del país para formar un gobierno de unidad. Pedían una mayor presencia para los partidos pro sirios, sobre todo tras la "victoria divina" en su enfrentamiento con Israel, y rechazaron las condiciones impuestas por los demás partidos para la configuración de este gabinete. Pero tras esta dimisión también se escondía una maniobra para evitar la creación del tribunal internacional que deberá juzgar a los asesinos de Rafic Hariri, al que se oponen Siria e Irán. Tampoco el presidente libanés, Emile Lahud, apoya dicho tribunal al que considera ilegal así como su reciente aprobación por parte del gobierno libanés, eso sí, con la ausencia de los seis ministros que renunciaron a sus cargos.

Ahora han asesinado a Pierre Gemayel, y ya son siete los ministros fuera del gobierno que se pregunta quien será el siguiente. Siria ha rechazado cualquier implicación en el atentado, al igual que hizo con el de Hariri. El asesinato de Gemayel nos recuerda con quien quiere negociar Occidente. Siria se niega a perder el control que tiene sobre el Líbano, Hezbolá no va a renunciar a su propósito de derrocar al gobierno de Siniora y, mientras, las fuerzas de la UNIFIL, en vez de impedir el tráfico de armas que pasan a través de la frontera siria para rearmar al Partido de Dios, están preocupadas por los vuelos de aviones israelíes.

Desgraciadamente, los peores pronósticos sobre la misión de la ONU en el Líbano se están cumpliendo. Los europeos cayeron en la trampa y mandaron a sus tropas sin misión y ahora sin Siniora, que para los que estaban a favor de la fuerza de la ONU era la principal garantía de la resolución 1701. Pero ahora el gobierno de Siniora no existe más, no gobierna más, no da ninguna garantía más. Fue un error esta misión de paz y por supuesto mandar a nuestras tropas españolas. Para salir del atolladero hay una salida que es poco probable que se adopte: reforzar –y mucho– su mandato. También podemos salir corriendo, sin admitir el error, y echar la culpa a otro, por ejemplo a Israel. Aunque lo más probable es que nos quedemos como escudos militares, a imagen y semejanza de los escudos humanos palestinos en Gaza, a petición de Hezbolá y contra Israel. Un vacío terrible envuelve la operación de la UNIFIL y a nuestro país. Lo más grave es que estamos sólo al principio.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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