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Un discurso imposible de olvidar

Zapatero hizo el discurso que creía iba a gustar a sus votantes, a costa del respeto internacional

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Frases como "la realidad supera la ficción" o "la vida imita la literatura" no son meras creaciones de una mente brillante sino la constatación de lo que ocurre cada día en nuestro entorno ¿Quién nos iba a decir que un Presidente de Gobierno español iría a la Asamblea General de Naciones Unidas a leer un texto propio de un adolescente de dieciséis años que tiene que exponer un tema ante sus compañeros de clase? Pues lo hemos vivido. Hemos tenido que escuchar a nuestro máximo dignatario utilizar los términos básicos del debate internacional con la misma falta de criterio y precisión que quien por edad parece disculpado de hacerlo con la debida propiedad.
 
Aunque en casos semejantes el sentido del pudor a veces aconseje dejar pasar la situación, callar puede ser interpretado como asentir, por lo que conviene colocar algunos puntos sobre las íes.
 
No es verdad que los españoles hayamos "aprendido a combatir" el terrorismo. Con gran dificultad, después de haber cometido casi todos los errores imaginables durante un cuarto de siglo, el Gobierno de José María Aznar aplicó una política, en gran medida elaborada por Jaime Mayor, que sí resultó eficaz en el combate contra ETA. Pero eso no lleva a que los españoles hayamos entendido su lógica. La mera lectura de los periódicos nacionales nos demuestra lo contrario. Cuando analizamos sucesos en Palestina, Colombia, Chechenia o Cachemira volvemos a utilizar los mismos clichés que hace algunos años eran de uso común para explicar las acciones de ETA. Resulta que Hamas es un movimiento de liberación nacional, que las FARC son la expresión de las desigualdades en Colombia... que hay razones que llevan a gentes normales a practicar la violencia y que sólo atajando esos problemas de origen se pondrá fin a la violencia. Nos olvidamos de que en el País Vasco ensayamos todas estas fórmulas, se hizo ejercicio de pública comprensión de "esos pobres chicos", se concedió la más amplia autonomía conocida en Europa, se negoció directamente con ETA... y todo para nada. Sólo cuando se actuó con decisión y sin complejos, utilizando a los cuerpos de seguridad para su misión principal y logrando el apoyo internacional conveniente ETA se resquebrajó.
 
El terrorismo no tiene causas sociales o políticas, porque no es más que una forma de usar la violencia. Un grupo ejerce el terrorismo si cree que le resulta útil para conseguir determinados fines. Su lógica tiene que ver con la eficacia no con la pobreza. Los grupos que hacen uso del terrorismo sí pueden responder a determinadas situaciones sociales, pero conviene afinar el diagnóstico. "La simiente del mal se malogra cuando cae en la roca de la justicia, del bienestar, de la libertad, de la esperanza; pero puede arraigar cuando cae en la tierra de la injusticia, de la pobreza, de la humillación, de la desesperación" El problema es que los dirigentes de Al Qaeda no han sufrido injusticia, pobreza, humillación o desesperación. Esos términos tienen que ver con el viejo catecismo de la izquierda europea, que vale igual para un roto que para un descosido. El islamismo es una parte esencial del Islam, es un conjunto de formas de vivir esa religión. Si de algo se nutre es de la sensación de fracaso colectivo, que les lleva a abandonar las estrategias seguidas en décadas anteriores para ensayar una vuelta a las formas primigenias ¿De verdad cree el señor Zapatero que los miembros de la casa de Saud que mantienen la red islamista sufren de pobreza y humillación?
 
"No es sólo la ética de la convicción la que nos impulsa, es sobre todo la convicción de la ética. La convicción de que es así, desde la legalidad, y sólo así, como se gana el combate al terrorismo" Ejemplar sentencia de quien es corresponsable político de los asesinatos cometidos por el GAL, del Secretario General del Partido que lucha noblemente por rehabilitar las figuras de Barrionuevo, Vera..., de quien todavía no se ha dirigido a la nación para pedir disculpas por aquel patético episodio de nuestra historia.
 
"La paz es la tarea. Una tarea que exige más valentía, más determinación y más heroísmo que la guerra. Por eso las tropas españolas regresaron de Irak" Nunca antes leímos una apología más hermosa de una huída. Ahora entendemos el porqué de aquella medalla al sr. Bono, su valor sólo es directamente proporcional a la velocidad con la que cree retirarse del campo de batalla. Con el prestigio de un tan grande compromiso con la paz y de una tan heroica huida el Presidente se ha felicitado por su participación en la elaboración de la Res. 1546 y se ha comprometido a defender el proceso democrático iraquí. Una Resolución que pide el envío de tropas y un compromiso tan virtual como distante. El pueblo iraquí no olvidará nunca su deuda con nuestro insigne Presidente.
 
La propuesta de constitución de un Grupo de Alto Nivel para el estudio de una Alianza de Civilizaciones ha sido la idea más comentada por los medios de comunicación. Era previsible. No todos los meses se encuentra uno ante una idea tan hermosa ¡Cuántos se habrán emocionado en la intimidad de sus hogares! Ahora resulta que los que criticaron a Huntington por advertir del choque de civilizaciones creen que es conveniente que dialoguen. Pero, ¿quiénes son sus representantes? Desde hace algunas décadas no disponemos de un Califa y no parece que el Papa sea la persona más adecuada para representar a Occidente. Es más, las civilizaciones no son entidades cohesionadas, sino todo lo contrario. En el mundo occidental las posiciones de los países no se pueden reunir en uno, dos o tres grupos, sino en bastantes más. El Islam está igualmente muy fragmentado. El problema de hoy no es tanto el del diálogo de civilizaciones sino entre formaciones de una misma civilización. El Islam se debate entre distintas estrategias de modernización o el islamismo. Occidente se rompe por las diferentes perspectivas de amenazas y estrategias.
 
Zapatero hizo el discurso que creía iba a gustar a sus votantes, a costa del respeto internacional. Su agenda de reuniones es un buen ejemplo del prestigio que goza entre sus iguales. España ya no cuenta.

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