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Una buena presentación

El proceso será largo y complejo y los obstáculos están a la vista. Ni para los europeos ni para los Estados Unidos el camino a la democracia fue fácil, pero el Mundo Árabe puede lograrlo

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La secretaria de Estado norteamericana, la Doctora Rice, continúa sus giras de presentación. Estuvo en Europa, tratando de establecer el marco de un nuevo acuerdo trasatlántico. Continuó por América Latina, donde pudo comprobar la gravedad de la situación y los serios déficit de la diplomacia estadounidense en la región. Ahora se encuentra en el Mundo Árabe, desarrollando la nueva estrategia para la zona, la Iniciativa para la Transformación del Amplio Oriente Medio.
 
La diplomacia tiene sus ritos. Los norteamericanos gustan de presentar sus análisis de carácter más estratégico en ámbitos académicos. Desde que el general Marshall anunciara su famoso Plan en la Universidad de Harvard ha llovido mucho y muchas han sido las presentaciones que se han hecho en recintos semejantes. La propia Doctora Rice eligió SciencePo, en París, para exponer su visión sobre el vínculo trasatlántico en los tiempos de la Guerra contra el Terror. En esta ocasión le ha tocado a la Universidad Americana de El Cairo recibir a la ilustre diplomática. Su intervención, desde luego, fue todo menos rutinaria.
 
Resultaba sorprendente que Rice no hubiera retomado el tema. La Iniciativa había sido uno de los elementos claves de la nueva estrategia norteamericana en el anterior mandato de Bush y no tenía sentido que a la altura del mes de junio nada significativo se hubiera hecho. Es verdad que todavía no se ha concluido con el proceso de renovación del Departamento, pero esto no era excusa para un vacío tan llamativo. Por fin la Iniciativa se ha puesto sobre la mesa y en el marco de un viaje caracterizado por las continuas presiones a los gobiernos amigos para que lleven a cabo reformas de muy distinto tipo.
 
Del discurso de Rice podemos destacar algunas ideas interesantes, que nos permiten vislumbrar la posición oficial norteamericana para los próximos años.
 
El Mundo Árabe vive una época de frustración, por ser incapaz de incorporarse a los retos de la sociedad moderna. Una frustración que se agrava con el espectáculo de la corrupción y de la injusticia, de la incapacidad para ofrecer a las nuevas generaciones una expectativa atractiva de futuro y con el penoso espectáculo de países dotados de recursos energéticos que dilapidan sus ingresos. Con este trasfondo, Rice hizo un elogio de la historia de Egipto, tanto en la antigüedad faraónica como en tiempos más recientes. No era casual, era un gesto de respeto a quien se siente humillado. A ese gesto se sumaba otro más significativo: la propia humildad del poderoso. Rice presentó a Estados Unidos como la nación que creció con la esclavitud y la segregación, recordando lo obvio, que ella es descendiente de esclavos secuestrados en el corazón de África, que ella creció en uno de los estados, y en una de las ciudades, más significativas en la lucha por la igualdad. Estados Unidos es la primera democracia del mundo y el estado más rico y poderoso, pero también tiene en su historia hechos que la humillan. De la misma forma que Estados Unidos ha superado sus problemas, el Mundo Árabe está en condiciones de hacer lo propio con los suyos. La primera condición es querer y no dejarse llevar por la frustración.
 
Retomando una idea muy presente en las intervenciones de Bush, Rice proclamó el carácter universal de la democracia. Se supone que eso ya está implícito en la Carta de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, pero ese es otro tema. Los árabes pueden gozar de la misma libertad que cualquier otro pueblo y lo deben lograr ellos mismos desde sus propios presupuestos culturales. Sin duda eso supondrá cambios importantes en sus sociedades, los cambios que tanto temen los islamistas, pero si quieren es posible. De nuevo recordó las palabras de Bush sobre la no injerencia norteamericana. Estados Unidos no impondrá, pero mantendrá una relación muy distinta con aquellos países que avancen en la construcción de un estado de derecho que con los que traten de perpetuarse en la arbitrariedad.
 
Una segunda e ilustrativa cura de humildad norteamericana, dirigida al conjunto de la comunidad musulmana, fue su afirmación de que
 
“Durante sesenta años mi país, Estados Unidos, persiguió la estabilidad a expensas de la democracia en esta región, aquí, en Oriente Medio, y no logramos ni la una ni la otra. Ahora estamos adoptando otra vía. Estamos apoyando las aspiraciones democráticas de la gente”
 
Una afirmación histórica, un mea culpa, sincero que pone las bases para un nuevo entendimiento. Era importante que Estados Unidos asumiera su cuota de responsabilidad en el desastre del Oriente Medio. Es evidente que ellos no son los principales responsables de que lo allí ha ocurrido, tan evidente como que han protegido y apoyado gobiernos que han atentado contra los intereses de sus supuestos ciudadanos y que han sido más un obstáculo que un apoyo para la labor de modernización pendiente.
 
En toda la región, continúa Rice, se siente la demanda de justicia y libertad. Estamos ante una oportunidad histórica para apoyar su transformación. El proceso será largo y complejo y los obstáculos están a la vista. Ni para los europeos ni para los Estados Unidos el camino a la democracia fue fácil, pero el Mundo Árabe puede lograrlo.
 
La nueva Administración Bush ha dado un primer paso importante y correcto. Mientras en Irak y en Afganistán son los soldados los encargados de crear las bases para la convivencia en libertad, ahora llega el tiempo de la diplomacia.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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