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Uribe y Santos, dos presidentes a la greña

La consecuencia de la división del voto entre Santos y un candidato apoyado por Uribe y su facción puede dar como consecuencia la victoria del candidato de la izquierda, que bien puede ser el actual alcalde de Bogotá, exmiembro del grupo terrorista M-19.

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Álvaro Uribe Vélez ganó la presidencia de la República de Colombia en 2002, por mayoría absoluta de los votos emitidos, lo que ocurrió por primera vez desde que la Constitución de 1991 instauró ese requisito. Su popularidad al oponerse al narcoterrorismo de las FARC y el ELN, así como a la delincuencia común (secuestros, homicidios) condujo a que se modificase la Constitución para permitir dos mandatos seguidos. Sus partidarios iniciaron los trámites para una nueva reforma que permitiese una re-reelección, pero la Corte Constitucional la rechazó. El partido de Uribe, el Partido de la Unidad Nacional, propuso como candidato a las elecciones de la primavera de 2010 al exministro de Defensa Juan Manuel Santos, que ganó las presidenciales en segunda vuelta con nueve millones de votos. En agosto de ese año, Santos tomó posesión de su cargo, prometiendo que mantendría la política de Seguridad Democrática desarrollada por Uribe.

Sin embargo, en menos de dos años la alianza entre ambos hombres se ha resquebrajado. Por un lado, aunque ambos han militado en el Partido Liberal, provienen de ámbitos distintos. Mientras Uribe es un provinciano, Santos pertenece a una de las familias tradicionales del país, antigua propietaria del diario El Tiempo y con otro presidente de Colombia entre los suyos; además, él había sido ministro con otros dos presidentes, el liberal César Gaviria y el conservador Andrés Pastrana.

La ruptura entre Uribe y Santos se ha debido al deseo de este último de abrir de nuevo un proceso de negociación con las FARC, cambiando incluso la Constitución con el denominado Marco Jurídico para la Paz, que permitiría a la fiscalía procesar sólo a los máximos responsables de la guerrilla y no a la tropa. En los meses anteriores se habían producido otros agravios, como la postergación por Santos de uribistas en los nombramientos y la falta de apoyo a exmiembros del Gobierno de su predecesor imputados por una judicatura dominada por la izquierda.

El 15 de mayo, el exministro del Gobierno de Uribe Fernando Londoño, contrario a toda negociación con la guerrilla y por tanto a la política antiterrorista de Santos, sufrió un atentado con bomba al que sobrevivió, aunque murieron sus dos escoltas. Mientras Londoño atribuía el atentado a unas "FARC renovadas", Santos hizo unas declaraciones inmediatamente después que abonaban la versión de la izquierda de un auto-atentado de la "extrema derecha" para sabotear la aprobación del Marco para la Paz.

En un homenaje a Londoño, celebrado el 5 de julio, Uribe se declaró "presto a contribuir a una coalición" política y "apoyar a un gran candidato". Todo el mundo entendió que se refería a un rival de Santos en 2014.

La consecuencia de la división del voto entre Santos y un candidato apoyado por Uribe y su facción puede dar como consecuencia la victoria del candidato de la izquierda, que bien puede ser el actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, exmiembro del grupo terrorista M-19, o bien otro personaje. Al final, las rencillas entre liberales y conservadores benefician a la izquierda que sabe unirse para conseguir un objetivo.

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