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Volver a nacer

Bono se ha hecho como ministro administrando el dolor de los familiares de las víctimas de otro accidente aéreo, el del tristemente famoso Yak-42. Igual explota ahora el incidente que ha vivido en Mostar.

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Todo el mundo debería tener derecho a volver a nacer cuando se enfrenta a un dramático accidente. Pero sólo unos pocos disfrutan de esa suerte y pueden contarlo. La mayoría se queda en ellos, sobre todo si el accidente es en terreno militar. Los españoles lo sabemos bien a pesar de contar con un índice de bajas por accidente que se sitúa entre los más bajos de todos los ejércitos si se exceptúan los accidentes de tráfico rodado por carretera, muchas veces motivados por un parque móvil muy envejecido y por la inexperiencia de ciertos conductores.

No sabemos lo que habrá dicho esta vez Josep Borrel, el presidente de la eurocámara que murmuró aquello de Rajoy y Aguirre y los toros, pero no hay que dar crédito a quien afirma que el accidente del Hércules de Bono le venía ni que pitado para competir en popularidad y cobertura mediática con los dirigentes populares. Quedémonos con el “hemos vuelto a nacer, sr. Ministro” del piloto del aparato siniestrado.

En la vida hay canallas y señores. También en política. ¿Habrá de verdad renacido Bono, consciente del riesgo que entraña cualquier movimiento militar, incluso a zona bien pacificada? Bono se ha hecho como ministro administrando el dolor de los familiares de las víctimas de otro accidente aéreo, el del tristemente famoso Yak-42. Igual explota ahora el incidente que ha vivido en Mostar. No sería de extrañar ya que su visita era una visita propagandística, cuya única motivación era buscar y salir en una entrañable foto. Pero podría sucederle lo que a San Pablo tras caerse de su caballo y arrepentirse de sus viles tácticas y del injusto calvario por el que ha obligado a pasar a su antecesor y a buena parte de la cúpula militar española.

Los accidentes ocurren. Es ley de vida. José Bono lo ha explicado hasta la saciedad en su beneficio con motivo del luctuoso accidente de Afganistán del pasado verano. Claro, que entonces cargó veladamente contra el piloto. ¿Contra quien cargará ahora por su salida de pista? ¿Al ministro, es decir a él, o al piloto? Lástima que Milosevic esté en La Haya, porque si no ya tendría a quien cargarle este mochuelo.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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