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Yankee go home

Dos tercios de la reducción de efectivos en marcha se concentran en Europa, especialmente en Alemania. Parte de esas tropas serán redesplegadas además en países del Este.

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El Presidente Bush ha confirmado la intención del Pentágono de repatriar 70.000 soldados desplegados en bases de Europa y Asia. La medida responde a una lógica estratégica incuestionable, pero tiene también implicaciones políticas importantes. El hecho de que el anuncio se haga en plena campaña electoral a la Casa Blanca significa que no estamos ante un redespliegue puramente técnico, sino que encubre un cambio sustancial en las prioridades políticas de Washington.
 
Los miles de soldados americanos desplegados en Alemania eran la mejor garantía del compromiso de Estados Unidos en la defensa de Europa. Pero hoy las amenazas de invasión de Europa occidental se han esfumado. Esas bases se habían convertido en una reliquia de la guerra fría con muy escaso sentido estratégico. Por el contrario, los nuevos desafíos a la seguridad requieren unidades más ligeras, móviles y transportables para hacer frente a crisis imprevisibles de forma rápida y contundente. La tecnología acorta además los tiempos de proyección desde suelo americano a cualquier escenario en conflicto. La decisión se enmarca por tanto en el proceso de transformación global en el que se encuentran embarcadas las fuerzas armadas norteamericanas.
 
Pero la decisión tiene también implicaciones políticas muy relevantes. Dos tercios de la reducción de efectivos en marcha se concentran en Europa, especialmente en Alemania. Parte de esas tropas serán redesplegadas además en países del Este. Esto constituye un nuevo golpe para una Alianza Atlántica debilitada, Europa pierde centralidad estratégica y Washington se permite un gesto con la "nueva Europa" en detrimento de la poco fiable "vieja Europa".
 
La salida de las tropas norteamericanas planteará a la Unión Europea el dilema de si siguen confiando su defensa a la OTAN o se ven obligados a desarrollar una defensa propia creíble. El problema es que hoy por hoy la Unión carece de la voluntad política para hacerlo y no dispone además de los medios necesarios en caso de que quisiera ser autónoma militarmente. El resultado puede ser un vacío estratégico en el Continente con unos Estados Unidos crecientemente desvinculados y unos europeos divididos e incapaces de asegurar su defensa por si solos.
 
Los planes del Pentágono no afectan por el momento a las bases estadounidenses en España. La posición estratégica de nuestro país nos convierte en una plataforma valiosa de proyección de fuerzas hacia el Gran Oriente Medio. Sin embargo, la decisión es también un aviso para Zapatero. Si el Gobierno español sigue tensando la cuerda, Washington puede buscar alternativas a las bases españolas. La relación especial con Marruecos no es ajena a esta nueva situación. Los de la pancarta de "bases fuera" serían muy felices si los americanos se marcharan definitivamente, pero España no sólo perdería con ello relevancia estratégica, sino que nuestra defensa se vería además sumamente debilitada.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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