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Yihadismo salafista en casa

Aunque habrá que esperar al juicio, es significativo que el juez Fernando Grande-Marlaska decretara tres días de prisión después de su encarcelamiento provisional y sin fianza.

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En momentos en los que cabe preocuparse, y mucho, por el reforzamiento de la amenaza terrorista que los yihadistas salafistas representan en nuestro vecindario –atentados suicidas en Argelia y eclosión de los yihadistas semiocultos entre los rebeldes libios– no está de más que nos preocupemos también de los yihadistas de casa. Lo cual es importante porque no hemos de olvidar nunca que para estos terroristas no hay campo de batalla prioritario, sino sólo un campo de batalla global, y las formas de lucha difieren según el lugar y las circunstancias pero la motivación es la misma para actuar en él.

En pleno mes de agosto, en medio del sopor del verano y semiocultas entre los titulares internacionales que se ocupaban sobre todo de Libia o de Siria, se han producido dos detenciones en nuestro suelo: una en Andalucía y otra en Cataluña, que por el momento son sólo eso –no ha habido juicios y por tanto no hay sentencias– pero que sí nos sirven para extraer algunas lecciones en términos de situación en nuestro país.

El marroquí Abdellatif Aoulad Chiba era detenido por la Guardia Civil el 17 de agosto en La Línea de la Concepción, en Cádiz. En prisión provisional por orden del juez, lo que ha trascendido de él es que fue expulsado de Jordania por actividades de apoyo al terrorismo. Se le considera vinculado a Al Qaeda en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), y administraba una página web yihadista dedicada al adoctrinamiento y al reclutamiento. También se le vincula con reflexiones sobre cómo envenenar redes de distribución de agua de campings y otros centros turísticos para producir muchos muertos. Esto último nos recuerda las abyectas enseñanzas del hispano-sirio Mustafá Setmarian Al Suri, quien en su sesudo manual yihadista que fuera publicado en internet hace más de una década, se recreaba en explicar en detalle diversas formas de producir muerte y destrucción en masa. Aunque habrá que esperar al juicio, es significativo que el juez Fernando Grande-Marlaska decretara tres días de prisión después de su encarcelamiento provisional y sin fianza.

La otra detención se producía el 23 de agosto en la localidad barcelonesa de Rubí. Se trató también de un marroquí y, en esta ocasión, la operación fue realizada por el Cuerpo Nacional de Policía. En este caso el juez Fernando Andreu decretó también prisión provisional a la espera de que Marruecos cumplimente los trámites para su extradición. Sobre el detenido, del que no ha trascendido el nombre, pesa una orden internacional de arresto. En momentos en los que Marruecos no parece figurar en una posición preferente en lo que a la evaluación de la amenaza yihadista salafista representa –y a pesar de que aún está reciente el atentado de Marrakech–, estas dos detenciones no deben pasar desapercibidas. Y ello por un doble motivo. Ponen de manifiesto, en primer lugar, que la amenaza que el yihadismo salafista representa es global; y segundo y derivado de lo anterior, que no hay países a salvo por mucho que sus autoridades y los aliados de estas se esfuercen por darnos tal imagen.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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