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Yo no he sido

Europa mantuvo conscientemente un régimen corrupto y terrorista, que privó a los palestinos de paz y progreso económico. Si alguien representa los errores cometidos en el pasado ese es Moratinos.

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El triunfo electoral de Hamas ha provocado riadas de tinta que arrastran todo lo que encuentran en su camino, comenzando por la verdad.

Sin amago de sonrojo, los que durante años defendieron a Arafat y a sus correligionarios de Al-Fatah, negaron su condición de terroristas, lo entronizaron como santo progresista y lo consideraron un adelantado en la lucha contra el hegemonismo “neo-liberal”, ahora no tienen pudor en afirmar que Hamas ganó las elecciones porque los palestinos estaban hartos de tanta corrupción e incompetencia. Si la Autoridad Palestina se convirtió en lo que hoy los palestinos rechazan fue porque una parte importante de la opinión pública europea, guiada por los que hoy marcan distancia, creyeron en su bondad y apoyaron su financiación.

Pero una cosa es decir digo donde dije Diego y otra retractarse. Al contrario, no hay mejor defensa que el ataque. Moratinos se “puso estupendo” en presencia de sus iguales europeos y les recriminó por no haber hecho suficiente para reconducir la crisis de Oriente Medio. Afortunadamente los predecesores de los allí sentados se habían limitado a hacer lo ya sabido, que de por sí fue suficientemente desastroso. El problema es que se hizo demasiado. Europa mantuvo conscientemente un régimen corrupto y terrorista, que privó a los palestinos de paz y progreso económico. Si alguien representa los errores cometidos en el pasado ese es Moratinos, siempre dispuesto a alagar los oídos de Arafat y disculparle por sus atrocidades ante las cancillerías del Viejo Continente. Europa, precisamente por ser quien en mayor medida mantenía la Administración y la economía palestina, tenía el medio para doblegar la voluntad de Arafat y no sólo no lo hizo, sino que le justificó en más de una ocasión.

Hoy se exige a Hamas que renuncie al terrorismo. ¿Por qué no se hizo lo mismo con Arafat? El espejismo de que con él se lograría un acuerdo de paz llevó al error de consentir lo que nunca se debía haber permitido.

Algunos columnistas, hasta ahora defensores de Al-Fatah, han comenzado a repetir el nuevo argumento políticamente correcto: la culpa es también de Israel. Ya no pueden negar la responsabilidad de las gentes de Arafat, pero no por eso van a privarse de su chute de antisemitismo. Si Israel hubiera sido generoso y firmado un acuerdo de paz con Arafat esto no hubiera ocurrido. Pues no. Israel fue demasiado generoso y cometió el error de creer en Arafat, o por lo menos así lo hizo el Gobierno laborista de Ehud Barak. El resultado es de todos conocido: Arafat arruinó las cumbres, Clinton desperdició los dos últimos años de su segundo mandato y el laborismo sufrió un durísimo castigo electoral del que posiblemente ya nunca se recupere. Israel ha cometido muchos y muy graves errores en su historia, pero el auge de Hamas es responsabilidad de los nacionalistas árabes, tanto en Palestina como en Marruecos o Egipto.

Para buena parte de la izquierda europea, Oriente Medio y América Latina son los espacios en los que poder practicar lo que por estas tierras no resulta todavía posible: jugar a la revolución. Tan irresponsable comportamiento tiene como primeras víctimas al común de los ciudadanos, lo que no es obstáculo para que nuestros gauchistas disfruten con la experiencia, a sabiendas de que luego podrán culpar de los destrozos a Estados Unidos, Israel o la globalización.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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