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Zapatero, el Leal

No se es leal a personas o instituciones, sino a principios, valores y políticas. Mayor Oreja y ZP, respecto a ETA, los tienen simétricos. La lealtad a los principios lleva a uno a pactar con los criminales; la lealtad del otro le lleva a combatirlos.

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Hay dos formas de hacer política antiterrorista. La primera es la que parte del hecho de que la democracia es superior al totalitarismo, que el sistema basado en el pluralismo democrático es superior al basado en el nacionalismo identitario; y que el terrorista sólo puede rendirse sin condiciones y entregarse a la justicia, o ser detenido por la policía y acabar sus días en prisión. De esta forma de entender el terrorismo se desprende el día a día de la política: en primer lugar, la necesidad de dotar a las fuerzas de seguridad de todos los instrumentos necesarios para la lucha contra ETA; en segundo lugar, de cambiar y modificar las leyes para que el Estado de Derecho caiga sobre los criminales, los que aprietan el gatillo, los que le ayudan a escapar o los que le pasan información. En tercer lugar, la necesidad de deslegitimar los fines totalitarios del terrorismo, en el caso de ETA el derecho de autodeterminación o la anexión territorial. Quienes así argumentan desean "derrotar a ETA".

La segunda opción está basada en el convencimiento de que los terroristas tienen parte de razón. De que son las democracias como la española las que deben de cambiar para satisfacer algunas de las demandas terroristas. Bajo esto late la convicción de que la Constitución y el sistema parlamentario no son lo suficientemente buenos, y que se pueden y se deben dejar atrás. Lo defienden quienes creen que existe un conflicto vasco, que los terroristas no se sienten a gusto en España y que por eso matan. De esta forma de entender a ETA se desprende la política diaria: se debe negociar y dialogar con el terrorista, ceder a cambio de cesiones, cambiar constituciones y estatutos y llegar a pactos con la banda. Para alcanzar este fin, es legítimo usar la ley según convenga en cada momento, o frenar a las FSE y lanzarlas contra ETA según sea necesario. Quienes así razonan desean "acabar con el terrorismo".

Entre quienes quieren "acabar con el terrorismo" está la propia ETA. Desde 1959 o desde 1978, quiere acabar con el terrorismo... pero el problema es que también quiere la independencia, la territorialidad y una Albania cantábrica totalitaria. Ese es el pequeño problema. También los nacionalistas vascos y catalanes quieren "acabar con el terrorismo", para lo cual defienden la ruptura del marco constitucional, la destrucción estatutaria y la creación de dos Estados en el norte de España que además se extiendan por tierras vecinas. Y también Zapatero cree que hay que "acabar con el terrorismo", superando la Constitución, dinamitando el Estatuto y creando un "nuevo marco de convivencia en Euskadi" (ZP dixit), que es lo que negoció con ETA en Loyola, y lo que por cierto, sigue afirmando, con mayor disimulo, hoy en día.

De ambas posturas depende la lealtad o la deslealtad de cada cual. Los gobiernos de Aznar luchaban con ETA, la combatían y la derrotaban. Zapatero no estaba de acuerdo con esta política, fue desleal al Gobierno de Aznar, negociando ya en secreto con los etarras y proponiendo pactos con los nacionalistas. A partir de 2004, Zapatero en el poder pactó con ETA. Y puesto que gran parte de la sociedad española, desde las víctimas de ETA hasta Aznar o Mayor Oreja, estaban en profundo desacuerdo con esta política, fuero desleales al Ejecutivo. Cada cual fue leal a sus principios, aunque Zapatero lo fuese a escondidas y engañando al Gobierno cuando negociaba con ETA mientras firmaba el Pacto por la Libertades.

No se es leal a personas o instituciones, sino a principios, valores y políticas. Mayor Oreja y Zapatero, respecto a ETA, los tienen simétricos. La lealtad a los principios lleva a uno a pactar con los criminales; la lealtad del otro le lleva a combatirlos. Así que es lógico que Zapatero comenzara la campaña de las europeas criticando a Mayor Oreja: éste siempre ha representado lo contrario que él en relación con ETA. Mayor Oreja representa la detención de ETA, el endurecimiento legal, el aislamiento social de los etarras y la deslegitimación de sus fines. Y Zapatero representa el acuerdo con ETA, el amparo de las leyes hacia los terroristas, la reinserción social de los etarras y la legitimación de sus fines. Por desgracia para la derrota de ETA, Zapatero fue leal a sí mismo y pactó políticamente con los etarras. Por suerte para esa misma derrota terrorista, Mayor Oreja fue también leal a sí mismo, durante su época en el Gobierno y durante la oposición a Zapatero. Y hoy, sigue siendo leal a los mismos principios en política antiterrorista. La pregunta es, ¿sigue siendo leal Zapatero a los suyos?

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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