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Zapatero perjudica a quienes menos cobran

Zapatero impedirá que aquellos que son más vulnerables en el mercado laboral, es decir, los trabajadores menos cualificados, puedan utilizar su arma más competitiva: sus bajos salarios.

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El fin de semana pasado el Presidente Zapatero volvió a hacer un ejercicio de demagogia populista al proclamar su determinación a incrementar el salario mínimo hasta 600 euros mensuales en esta legislatura y elevarlo nada más y nada menos que un 18% adicional en la próxima hasta alcanzar los 800.

Además de escenificar y consolidar esa imagen de líder que se preocupa por los más desfavorecidos y como el protector de aquellos con menor renta disponible, Zapatero afirmó que esta medida pondría por fin a los trabajadores españoles al nivel de los europeos.

La realidad es justamente la contraria. Zapatero va a perjudicar gravemente con esta medida la competitividad de la economía española en su conjunto, ya que introducirá más restricciones en el mercado laboral, e impedirá que aquellos que son más vulnerables en el mercado laboral, es decir, los trabajadores menos cualificados, puedan utilizar su arma más competitiva: sus bajos salarios.

Efectivamente, aunque a muchos dirigentes socialistas les cueste creerlo, existen ciudadanos dispuestos a trabajar y que quieren competir. Elevar el salario mínimo hace que estos trabajadores se vean forzados a disputar su puesto de trabajo a otros trabajadores más cualificados y en un nivel de salarios superior, pero los primeros no tendrían la capacidad de utilizar su mayor ventaja competitiva. El resultado es evidente: más paro y menos competitividad.

Aunque el salario mínimo sea percibido por muy pocas personas, sirve de referencia para fijar la remuneración en muchos sectores profesionales. Una elevación de ese salario tendrá como necesaria consecuencia el reajuste al alza de otros salarios y la subida de la estructura de costes de las empresas. La consecuencia sería mucho más importante para las pequeñas y medianas empresas, el grueso del tejido productivo español, que tendrían menos margen de maniobra y que se verían forzadas a incrementar los precios y reducir su competitividad.

Pero el despropósito económico no termina aquí. Zapatero se vanagloria de que esta medida va a situar a los trabajadores españoles en la media europea. Voluntariamente se ignora que en otros países la productividad es mucho mayor que en España y que los salarios elevados son más bien una consecuencia de economías más dinámicas y de mercados de trabajo más flexibles. Es decir, el nivel de salarios es una consecuencia, nunca una decisión fruto de la frivolidad política.

Zapatero demuestra dos cosas. En primer lugar, pone de manifiesto una gran temeridad en materia económica que sólo puede atribuirse a una falta de escrúpulos para engañar a sus votantes o a una ignorancia absoluta en materia económica. En segundo lugar, su determinación a no escatimar en recursos para mantenerse en la Moncloa. No se contenta con aumentar los compromisos de gasto público del Gobierno sino que, ahora, disfrazándolo de preocupación social, pone en peligro la productividad de la economía española y amenaza con frenar cualquier política de creación de empleo.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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