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Zapatero y los neoconservadores

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El secretario general del Partido Socialista ya no sabe qué argumento encontrar para meterse con el gobierno. Este fin de semana le ha dado por denunciar la agenda neoconservadora de Aznar, lo que demuestra no sólo un profundo desconocimiento de su contrincante político –algo tan malo como que el CNI no supiera qué pasaba en Irak– sino que también pone de relieve que no tiene ni idea de lo que son los llamados neoconservadores ni, mucho peor, lo que fue la alternativa de izquierdas que él dice defender en materia de política exterior y de seguridad.
 
Que la izquierda ya no es lo que era y se ha convertido en una fuerza conservadora y retrógrada está claro. Sobre todo, si se tiene en cuenta los valores de esos neocons que el señor Zapatero tiene a bien criticar, a saber: la defensa de los valores liberales, entendidos estos como defensa de la libertad individual, el respeto a los derechos de la persona y los fundamentos de la libre economía de mercado. En segundo lugar, el optimismo histórico, esto es, la creencia profunda de que las sociedades se pueden transformar y que el cambio puede ser a mejor si se lucha por ello. La realidad no hay que aceptarla como una donné natural, sino que es posible incidir positivamente sobre ella. Para Zapatero, como mucho, la política es el arte de lo posible (aunque a veces, en sus filas, lo posible sea surrealista). Para otros, esa derecha revolucionaria que denuncia y parece asustarle, la política es el arte de hacer posible lo deseable. Y lo desable es la expansión de la democracia y la modernización de las sociedades sin distingos de raza o localización. No hay ningún sistema político mejor, hoy por hoy, que la democracia liberal. Ni puede haber mejor contribución a la paz y la seguridad que el imperio de la libertad.
 
Es una pena que la izquierda, seducida por el poder en sí, haya renunciado a una agenda de cambio global justo cuando éste es posible. Pero ese es su problema y ya tendrá tiempo para valorar sus consecuencias. Lo relevante para el mundo es que esos ideales no se han perdido, sino que han cambiado de manos y ahora están en la derecha neoconservadora.
 
Donde hay una discrepancia sustantiva entre neocons y Zapatero es en el uso de la fuerza como motor de cambio en el mundo. Zapatero se ha opuesto –está en el boletín de las Cortes– “al uso de la violencia para desarmar a Irak”, confundiendo violencia con el recurso a la fuerza legítima de las Fuerzas Armadas, bajo autoridad y control político, con unos objetivos precisos y con unos constreñimientos en su actuación regulados por el derecho de la guerra. Las Fuerzas Armadas no hacen violencia, son el instrumento legítimo del Estado para defenderse. Claro, que en esa concepción sofá de la fuerza, el PSOE de Zapatero tiene muy poco que ver con la tradición de izquierdas.

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