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George Will

¿Quién teme a la recesión feroz?

En los 302 meses transcurridos entre noviembre de 1982 y diciembre de 2007, la economía solamente estuvo en recesión 14 meses, es decir, el 4,6% del periodo. Entre 1945 y 1982, la economía estuvo en recesión el 22,4% del tiempo.

George Will
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Aunque los americanos estén alarmados por la crisis crediticia que actualmente convulsiona la economía, permanecen sensatamente tranquilos a propósito de una de sus consecuencias: la inversión sustancial de fondos soberanos –fondos de inversión cuya titularidad y dirección pertenece a estados extranjeros– en instituciones financieras ávidas de liquidez.

¿Recuerda el escándalo patriótico de 1989, cuando inversores privados japoneses compraron el Rockefeller Center? ¿Recuerda la frenética oposición hace dos años al intento por parte de una compañía propiedad del gobierno de Dubai de gestionar la contrata de algunos puertos americanos? Nada comparable a aquello sucedió el mes pasado, cuando los fondos soberanos de inversión de Kuwait, Singapur y Corea del Sur adquirieron valores por más de 40.000 millones de dólares en Citigroup, Merrill Lynch, Morgan Stanley y el banco suizo UBS.

La tranquilidad, combinada con la vigilancia, es la opción sensata. Tranquilidad porque los fondos son una pequeña fracción de la riqueza del mundo y están prestando servicios necesarios. Vigilancia porque potencialmente podrían suponer problemas relacionados con la transparencia y sus probables fines políticos.

Los fondos de este tipo no son nuevos: Kuwait creó los suyos en 1953. Matthew Higgins, un economista del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, estima que los activos totales de los fondos soberanos son ahora de 2,5 billones de dólares, muy por debajo de los 16, 18 y 22 billones gestionados respectivamente por aseguradoras, fondos de pensiones y fondos de jubilación. 2,5 billones de dólares es mucho más que los activos combinados de todos los fondos de compensación, pero apenas equivale al 1,2% de los 201,6 billones que supone la suma de la capitalización mercantil de bonos globales, mercados de valores y bancos comerciales. La estimación al alza de Higgins es que antes de 2015 los fondos soberanos podrían suponer el 4% del mercado financiero global.

Muchos países que exportan petróleo, juguetes o ropa interior a Estados Unidos están gestionando excedentes comerciales. Necesitan hacer algo con sus dólares (mejor invertirlos que comprar armas) y desean algo que les reporte un beneficio superior al que ofrecen los bonos del tesoro americano. La gestión de los fondos soberanos mejora cuando se usan para comprar porcentajes minoritarios en instituciones financieras norteamericanas u otras empresas.

Diversos estados y ayuntamientos norteamericanos también están deseosos de obtener rentabilidades superiores a través de inversiones en valores, puesto que han comprometido sin respaldo alguno 700.000 millones de dólares en promesas de pensiones a los funcionarios. Stephen Schwarzman, director ejecutivo del Blackstone Group, una gran firma privada de inversión, dice que "según nuestra experiencia, virtualmente no existe diferencia entre acudir a un fondo soberano (de inversión de capitales) y acudir a un fondo estatal de pensiones en Estados Unidos". Dado que la política norteamericana aprueba el libre flujo de capitales en todo el mundo, la llegada de inversiones extranjeras debería ser celebrada, siempre que la razón que mueve a las naciones que controlan los fondos soberanos sea la maximización del beneficio, y no el poder político.

Chris Cox, presidente de la Comisión de Valores y Cambio, afirma que la misión de esta institución es evitar el fraude y el comercio injusto. Los fondos soberanos podrían dificultar el cumplimiento de su misión si los gobiernos que los controlan son simultáneamente jugadores y árbitros del mercado. También si los gobiernos utilizan la información reservada que recogen sus servicios de Inteligencia para dar a sus inversores información privilegiada. O si la falta de transparencia de los fondos contribuye a la volatilidad del mercado a causa de la incertidumbre sobre la ubicación de activos de los fondos. Que la frontera entre actividad económica gubernamental y privada se difumine es algo potencialmente problemático. Aún así, los fondos no son grandes en relación a la economía mundial o a los 14 billones de dólares de la economía norteamericana, que exceden la suma de las cuatro economías siguientes, Japón, Alemania, China y Gran Bretaña. La economía de Rusia es aproximadamente del tamaño de las de Nueva York y Arizona juntas. La economía de la India ronda la mitad de la de California.

Los americanos de hoy, cuyo umbral del dolor se ha visto rebajado por una acertada modulación de los ciclos económicos, no creen ahora que las recesiones sean simples desgracias, sino que las califican de violaciones de un derecho social a la tranquilidad económica perpetua. En los 50 años anteriores a 1945, las contracciones económicas fueron frecuentes y lo bastante feroces como para rasgar el tejido social. Se produjeron entonces tres contracciones del 5% del PIB, dos del 10% y dos del 15%. Desde la desmovilización de posguerra, el ajuste más severo, el de 1982, cuando el presidente Ronald Reagan y el presidente de la Reserva Paul Volcker sofocaron la inflación, fue del 1,9%. Esa recesión finalizó en noviembre de 1982. Si fuera cierto que el mes pasado comenzó una recesión, entonces en los 302 meses transcurridos entre noviembre de 1982 y diciembre de 2007, la economía solamente estuvo en recesión 14 meses, es decir, el 4,6% del periodo. Entre 1945 y 1982, la economía estuvo en recesión el 22,4% del tiempo.

Una economía libre de recesiones no es ni un derecho social ni, para ser justos, tampoco algo deseable: la "sabiduría de las multitudes" existe, pero hasta los mercados cometen errores y las recesiones, también llamadas correcciones, son por definición constructivas. Aún así, la marcha de la economía moderna es mucho menos alarmante de lo que pudiera haber imaginado cualquier generación anterior.

© Washington Post Writers Group

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