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George Will

Fe menguante, progresismo creciente

El descontento de los episcopales lanza una advertencia tanto a las asociaciones políticas como a las religiosas. El tamaño de la iglesia se ha contraído en la misma medida en que las doctrinas de la iglesia se han vuelto más elásticas.

George Will
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El reverendo Robert Duncan, de 60 años de edad, no es luterano, pero es un nuevo Lutero. El ex obispo episcopal de Pittsburgh ha pronunciado las palabras con las que Martin Lutero dividía la cristiandad y declaraba la primacía del juicio individual y de la conciencia que definen la mentalidad moderna: Ich kann nicht anders (No puedo hacer otra cosa).

La Diócesis Episcopal de Pittsburgh se convertía recientemente en la segunda diócesis (la primera fue la de Fresno, California) en escindirse de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos desde, pero no completamente a causa de, la ordenación en 2003 en New Hampshire de un obispo abiertamente homosexual: Gene Robinson, compañero de la clase de Duncan en el Seminario Teológico General de Nueva York en los años 70. Antes de la controversia de Robinson, otras diócesis episcopales, desde Carolina del Sur a California, se habían distanciado de la Iglesia Episcopal y se habían adscrito a la autoridad de obispos anglicanos conservadores que sirven allí donde la Iglesia está floreciendo hoy en día (en el África subsahariana sobre todo, donde vive la mayoría de anglicanos).

No son los secesionistas como Duncan los que, como acusan los críticos, están obsesionados con la homosexualidad. La dirección de la Iglesia Episcopal es tolerante –tolerante hasta el punto de la incoherencia, sostienen Duncan y sus partidarios– con el clero que se desvía de las enseñanzas eclesiásticas tradicionales relativas a doctrinas centrales, como la divinidad de Cristo, la autoridad de las escrituras o el camino a la salvación. Pero la iglesia nacional insiste en la ordenación del clero abiertamente homosexual y en bendecir las uniones homosexuales.

En los años 60, el obispo de California James Pike, que instaba a la Iglesia a desprenderse de "equipajes ideológicos" tales como las doctrinas del Pecado Original o la Trinidad. Fue el último obispo en ejercicio en ser sancionado por motivos teológicos. Duncan duda de que Pike fuera sancionado a día de hoy.

Duncan se ordenó obispo en 1995, a los 47 años de edad, en una Iglesia Episcopal donde ya se enfrentaban entonces puntos de vista dispares acerca de la ordenación de mujeres, la revisión del libro de oraciones y otros asuntos. Pero, Duncan dice, "Me gustaría [que el asunto que precipitó finalmente la secesión] hubiera sido otro asunto". Se refiere a alguna controversia, diferente a la ordenación de Robinson, que girase en torno a la autoridad de las escrituras.

La cada vez más pequeña Iglesia Episcopal (2,4 millones de fieles, por debajo de los 3,5 millones de fieles en su mejor momento en 1965) es una pequeña astilla de la comunidad anglicana mundial (77 millones de fieles al menos y en rápida expansión). Sus tormentos son, dice Duncan, otro reflejo persistente más de los años 60.

La comunidad anglicana era en tiempos "el camino intermedio", un término medio entre catolicismo y protestantismo. Ahora, explica Duncan, la dirección nacional de la Iglesia Episcopal piensa en sí misma como un puente entre el protestantismo y la cultura. Duncan y otros protestantes están de acuerdo con el difunto Flannery O’Connor, el novelista católico: "Tienes que avanzar con tanta decisión como los tiempos que te impiden hacerlo".

Cada 10 años se celebra una conferencia de obispos anglicanos en Lambeth, presidida por el arzobispo de Canterbury. Este año asistieron apenas 650 de los casi 900 obispos (150 de ellos representando exclusivamente a la reducida congregación estadounidense). Los obispos de tres de las cinco mayores provincias de la denominación anglicana (Nigeria, Uganda y Kenia) boicotearon el acto.

Hoy, el anglicano típico es una mujer africana de mediana edad. La emergente iglesia nigeriana afirma tener 20 millones de fieles; Duncan sostiene que podría haber 25 millones pero quizá elige informar a la baja para no fomentar tensiones con los musulmanes nigerianos.

En Londres, más musulmanes asisten a las oraciones del viernes que anglicanos a los servicios de los domingos. El pasado diciembre, el domingo posterior a que el ex Primer Ministro Tony Blair fue recibido en una Iglesia católica, más católicos que anglicanos asistían a los servicios en Inglaterra, un fenómeno cada vez más frecuente ahora, cinco siglos después de la Reforma.

"Creo –dice Duncan– que el siglo XXI será para el arzobispo de Canterbury lo que el siglo XX para la familia real". Es decir, una era de pérdida continua de importancia.

Dado que el protestantismo carece de una estructura de autoridad comparable al Vaticano y dado que no tolera únicamente sino que además se regocija con los juicios individuales en virtud de "el sacerdocio de todos los fieles" concernientes a creencias y obligaciones, todos los protestantes son Luteros en potencia. Es por tanto una ferviente prueba de vigor espiritual que los episcopales de Quincy Ill. y Fort Worth, Texas, sometan a votación la escisión de la diócesis estadounidense el 7 y el 14 de noviembre respectivamente.

La Iglesia Episcopal fue una vez el grupo religioso más importante de América. Hoy es política "progresista" disfrazada –desastrosamente– de creencia religiosa. El descontento de los episcopales lanza una advertencia tanto a las asociaciones políticas como a las religiosas. El tamaño de la iglesia se ha contraído en la misma medida en que las doctrinas de la iglesia se han vuelto más elásticas. Se alegra de "una inclusión" que cada vez incluye a menos fieles.

© Washington Post Writers Group

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