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Ardanza dilapida su prudente silencio

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Las declaraciones de José Antonio Ardanza sobre un supuesto acuerdo tácito entre el PNV y el Partido Popular para cambiar de estrategia contra ETA si, en el plazo de seis años, el Gobierno no lograba terminar con la banda son, sencillamente, una tontería impropia del personaje. Impropia de lo que Ardanza y el PNV han sostenido y llevado a cabo desde entonces e impropia de un antiguo político que, presidiendo ahora una empresa pública, debería guardar un prudente silencio.

Ardanza sostiene el que acuerdo "tácito" era que el PP acentuaría su lucha democrática contra ETA y si, en el plazo de seis años, no lograba terminar con ella se volvería al doble juego de "vía policial y conversaciones con la banda". Asegura que el PNV se comprometió a ser menos beligerante. Si no se trata de un comentario de café, o más bien de un chiste de barra, el planteamiento es absurdo. Y si Ardanza lo creyó de algún modo no tenía ningún sentido, más allá de la deriva soberanista de su partido y del Pacto de Estella, la propuesta que con su nombre hizo, en la que se defendía el "precio político" para que ETA abandonara la violencia y que quiso pactar, ante la negativa del PP, con el PSOE.

Lo que Ardanza debe querer, atento como suele estar a los aires de su partido, es defender la vieja tesis de que aniquilar a ETA es imposible y que, pasado este plazo, hay que volver a la negociación y al pacto político con los terroristas. Él mismo lo defendió en su papelote con la contradicción de asegurar que no existía "déficit democrático". El PNV suele sacar la tesis de que el Estado de Derecho no podrá con ETA (el "empate infinito", etc.) cada vez que la banda terrorista se encuentra agobiada, como ocurre ahora con los éxitos policiales y el proceso de desmantelamiento de su infraestructura con la ilegalización de Batasuna. Ardanza es el que, tras el asesinato de Miguel Angel Blanco, acusó a los "batasunos" de una complicidad que debería ser combatida por todos los ciudadanos, pero parece que, con el tiempo (y con las sinecuras empresariales), se ha plegado a las tesis de quienes entonces aseguraba que le alteraban los nervios: los que, temerosos de los efectos sobre el nacionalismo en general de una estrategia basada en principios morales, iniciaron, mientras él reclama compromisos de los ciudadanos, las conversaciones con HB que dieron con Estella y los acuerdos del PNV con ETA.

Que el PNV prefiere salirse con la suya (con la similitud de fines con ETA) a ser razonable es ya conocido. Que Ardanza dilapide ahora su prudente silencio es tan ridículo como esa particular forma de argumentar con un acuerdo imposible. Porque nos dijeron, en aquel momento tan tácito, en el que siguieron llenándose los bolsillos, que estaban de acuerdo con el PP en algunas cosas, pero no en la lucha contra ETA. Y la afirmación no era tácita.

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