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Contra la vergüenza, ruido

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Reconozco que, tras el escándalo en la primera sesión de la Asamblea de Madrid, me sentí impelido a la compasión. Veía los rostros entre asombrados y doloridos del candidato Simancas, de Blanco, del propio secretario general Rodríguez Zapatero y notaba cierta inclinación a darles una palmadita en el hombro y lamentar que sus planes no salieran adelante precisamente por lo que había pasado.

Pero después era necesario pensar en lo que había pasado: la “traición” de dos diputados. Se nos dijo que eran unos malvados, más vinculados a los negocios inmobiliarios que a la política. Y comenzó, para desviar el tema (la crisis en el PSOE) con lo que llamé en este mismo diario la “retórica de la dignidad”: pedir al PP, en base a una atrabiliaria concepción de la democracia, que se uniera al PSOE a la hora de exigir (política, institucional o judicialmente) la devolución de las actas de los dos diputados huidos y que se sumase, en el colmo del absurdo, a la defensa, como si fuese una necesidad histórica, de esa absurda “mayoría de progreso” (sic) que quieren formar PSOE e Izquierda Unida.

Al fondo se oía el eco de las tonterías de Llamazares y los suyos, hablando de golpe, de vulneración de la democracia como en el tejerazo, de acusaciones al PP, a la derecha, al capitalismo y a cualquier otra ocurrencia del discurso descompuesto de Izquierda Unida. Se revelaba así el problema del PSOE con sus pactos con una izquierda comunista que ideológica y políticamente está fuera del mapa del parlamentarismo europeo actual, pero no esperaba que el mimetismo del PSOE nos alcanzara tan pronto y tan intensamente.

Porque ahora estamos en el periodo de la estrategia de la indignidad. Los diputados huidos siguen siendo unos malvados, siguen perteneciendo a “tramas” inmobiliarias pero estas están “vinculadas al PP”. La ignominia antes del elemental reconocimiento de los problemas propios. Sobre las “tramas” no hay pruebas y las circunstancias, desvelando llamadas privadas, parecen más delictivas que lo que se denuncia, que no se sabe lo que es. Y si hay vinculación con empresarios inmobiliarios y de la construcción será, en todo caso, del PSOE, de un grupo del PSOE enfrentado a otro grupo del PSOE que se dedica a lo mismo, de un grupo de socialistas que son los artífices de que Rodríguez Zapatero sea el actual secretario general, etc., etc.

Toda esta barahúnda para no entrar de lleno en el caos de la Federación Socialista de Madrid (caos político y de financiación) y en la solución de los problemas del PSOE. Porque gritando lo de Madrid culpando al PP se deja de hablar de lo demás. Incluso dicen que se ha convocado a los secretarios generales provinciales para hablar únicamente de “aquello”, es decir, obviando el País Vasco, el PSC que no se considera PSOE, Cantabria, la vergüenza democrática de Navarra, etc.


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