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El incendio y las cenizas

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Lo de Madrid es muy esperpéntico y tiene su morbo, que está más en ver cómo le siegan la hierba debajo de los pies a Rodríguez Zapatero que en las revelaciones anunciadas por este. Pero lo de Vitoria sí que es un ataque frontal al Estado de Derecho. Por eso resulta un poco patético que el foco de la noticia y el de la actividad política, sobre todo la de la izquierda, se centre en quejarse de las cenizas que caen sobre su tejado cuando la casa del vecino ha ardido del todo.

Lo de Vitoria tiene su cuota de clase acelerada de nacionalismo: ciscarse en la ley y el Derecho, buscar la convergencia de PNV-EA con Batasuna-ETA, proteger al crimen si el crimen dice que busca la construcción nacional: “una rebañadura de enemigos de la República” como dijo Indalecio Prieto en ocasión señalada en el Congreso para anunciar que no quería ir a ninguna parte con ellos.

Pero este curso para rezagados sale muy caro y ya va siendo hora de que, junto a la acción –lenta, seguramente meticulosa pero exasperante– de la Justicia, se dé paso también a la acción política: al rechazo frontal de todas los partidos democráticos, la anulación inmediata de todo acuerdo con los nacionalistas protectores del crimen terrorista, la renovación práctica y cotidiana del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo para que el Estado de Derecho impere. Zapatero debería ser el primer interesado porque, como dijo Prieto en otro momento, el peligro de reivindicar teóricamente la democracia sin alejar la iniciativa de cualquier aspiración separatista supone propiciar la unión de los españoles en torno a la derecha.

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