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Empresarios muy sensatos

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Cuando los empresarios vascos, o su representación institucional, le dijeron al lehendakari Ibarretxe que no les gustaba su Plan, que llevaba a la inestablidad y la confrontación, cedimos ante la perpleja emoción (sobre todo porque al PNV le enfadó y comenzó maniobras “desestabilizadoras” de la cúpula patronal) y nos creímos que los firmantes eran unos tipos valientes y aguerridos. Utilizo el plural porque lo leí y oí por aquí y por allá y hasta me sumé, reconozco que un poco escéptico, al carro de las alabanzas.

Tenía que haber sido más precavido. Una y otra vez, la organización patronal vasca salta a la arena para defender un principio básico de su ideología y su quehacer: la “estabilidad”, la tranquilidad institucional para que puedan seguir haciendo negocios. El asunto es moneda de curso común en el País Vasco. Veamos: ETA asesina a un funcionario, Batasuna apoya a ETA, algunos ciudadanos piden el apoyo del Gobierno vasco contra esa banda y sus ramificaciones y no lo consiguen, se enfadan y protestan en voz alta, el Gobierno central lamenta la actitud del autonómico. Y entonces sale el “sensato”, como los empresarios, y reclama entendimiento, estabilidad, tranquilidad institucional, que los dos ejecutivos busquen un punto medio o un territorio de entendimiento. A la víctima y a los ciudadanos alterados que les parta un rayo, o que se calmen para que se pueda pasear y hacer negocios.

Antes de aquel comunicado sobre el Plan Ibarretxe, al que vuelvo enseguida, la patronal vasca se había pronunciado sobre las dificultades en la negociación del Cupo y el Concierto Económico. No hicieron ninguna valoración política de las actitudes de uno y otro, y mucho menos acerca de una estrategia nacionalista de quiebra del Estado de Derecho, sino que pidieron el acuerdo, el consenso, la estabilidad, el statu quo, la mandanga de sus privilegios fiscales y económicos. “Hay que crear riqueza” y ya se sabe que, para ello, no es la libertad condición sine qua non. Ahora, más de lo mismo. El Gobierno vasco, se niega a pagar 32,2 millones de euros que debe de la liquidación del Cupo de 2001 diciendo, con el habitual sistema de chantaje que el nacionalismo llama “diálogo”, que sólo habría pago, en su caso, si se negocian 11 temas, algunos bastante estrafalarios y otros desbordando la legalidad vigente. El Gobierno español muestra su descontento, se niega al chantaje, y anuncia que recuperará la deuda “con las medidas necesarias”. Y ahí están, otra vez, los empresarios, tan sensatos, pidiendo que se rompa la incomunicación.

Lo dijeron también cuando lo de Ibarretxe, pidieron transferencias sin saber con exactitud el fundamento legal de las reclamaciones nacionalistas, colaron expresiones como “la asintonía de esfuerzos frente a la violencia” y se preocuparon más de que Ibarretxe solicitara opciones sobre uno u otro “modelo de país” que de la naturaleza antidemocrática y excluyente del plan. Siempre igual, si hay estabilidad, si el Cupo y el Concierto funcionan, si no hay que definirse, si se mantienen las subvenciones, si el Gobierno vasco sigue comprando (en una de las economías más intervenidas de Europa), si no pisa el acelerador, se puede crear riqueza. Que el Gobierno central rompa la incomunicación, que los alterados se calmen.

Todo muy sensato y muy edificante. Tengo un amigo que, cuando le manifiesto mi indignación por estos asuntos, me responde, irónico, que sí, que sí, pero que mire los libros de historia y le diga cuántos empresarios había en la Resistencia contra los nazis. Vale, pero, desde luego, había más que en el País Vasco.

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