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ETA kanpora (más aclaraciones)

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Alcalde, un terrorista perseguido en toda la Unión Europea, aparece en un acto público en San Sebastián, amenaza con la vulgar pero criminal doctrina de ETA y se esconde de nuevo. En esa misma ciudad, los dirigentes de Batasuna pasean por las calles gritando las consignas de la banda terrorista a la que pertenecen y jalean a los presos de la misma.

Para empezar, como ciudadano español empadronado en el País Vasco, siento vergüenza. Vergüenza de la existencia en mi país de un sustancioso porcentaje de votantes que aceptan el crimen y sostienen a los criminales. Vergüenza por la enfermedad moral de tantos conciudadanos que parecen poder vivir con normalidad en un país así, es decir, que, aunque repudien todo el totalitarismo violento que viene amargándonos la vida desde hace decenios, la consienten a su modo. Vergüenza también de que las instituciones de mi comunidad autónoma, ante todo este espectáculo, mantengan como única preocupación expresa unos hipotéticos “derechos” de los criminales de ETA entre los que estarían, parece, la reducción de penas y la “reinserción” automática. He leído estos días que se ha recriminado a los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad dependientes del Gobierno de España el fallo en el seguimiento de Alcalde. ¿Y la Policía autonómica, ya que “apareció” en el País Vasco? ¿Y las manifestaciones de Batasuna, es decir, de ETA, en las calles vascas?

No sólo siento vergüenza. También rabia. ETA está fuera, es evidente, está en las calles, en el Parlamento, en los ayuntamientos. Y no parece que el nacionalismo gobernante quiera llevarla a otro sitio: se niega a disolver los grupos parlamentarios y municipales en los que se amparan, se niega a romper los pactos de gobierno que con ella tiene, se niega a impedir que campen sus amenazas por cualquier rincón del País Vasco, se niega a dejar de financiar organizaciones que la amparan, se niega a detener a quien hay que detener (no hay más que ver las estadísticas de la Policía autonómica) y, como vemos ahora, a que estén los criminales en la cárcel, lo que es justo y conveniente.

Ahora que Aznar –otra vez y espero que cuantas haga falta– anuncia las medidas precisas del Estado de derecho para defenderse, y defendernos, de esta plaga, hay quienes hablan de exageración, de venganza y de retórica de la derecha. Tenemos enfrente a los nacionalistas violentos pero estamos rodeados de tontos.

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