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La caradura de la ONU

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Todo lo de la ONU resulta vergonzoso. Sobre su inutilidad, no insistiré porque ya lo ha dejado claro en Libertad Digital Alberto Míguez con más autoridad y más conocimientos que yo. Pero, al menos, podría guardar las apariencias.

El secretario general, que ha hecho durante las últimas semanas tantos aspavientos reclamando protagonismo, debería denunciar y combatir la triste realidad: la organización se ha convertido en el soporte de todos los sinvergüenzas de la política internacional. Cuando Husein mandaba en Irak, el embargo era el arma del capitalismo contra un pueblo pobre y necesitado. Cuando Husein cae, el embargo es una barrera contra los Estados Unidos. Pero Annan ha sido cómplice necesario de la utilización del embargo y del programa Petróleo por Alimentos en beneficio de unos cuantos “pacifistas” a los que importaba una higa que los iraquíes fueran asesinados o encarcelados por el régimen de Sadam. Ahora, ante la negativa rusa a levantar las sanciones, se ve tan claro que asquea. Por cierto, el embargo contra la Sudáfrica racista estaba muy bien, no atentaba contra ningún pueblo.

Ya que no ha sido capaz de resolver nada ni de denunciar con eficacia la represión y los asesinatos legalizados de la dictadura de Castro, podría la ONU despojar del lacerante título de “embajadora de la ONU” a Rigoberta Menchú, que es uno de los casos más palmarios de desvergüenza internacional de los últimos decenios. Si hay que lamentar su sufrimiento, incluso el que ella misma exageró mintiendo sobre su pasado, no hay por qué soportar la indignidad de defender, en nombre de la ONU, cualquier dictadura y casi todas las agresiones a los derechos humanos que vienen disfrazas de progresismo e indigenismo. Ahora ha sido Cuba, en donde la dictadura le hace fiestas mientras empareda a los disidentes. Antes fueron las organizaciones del entorno de ETA, a las que este mequetrefe del mangoneo internacional, apoyó sin recato con la monserga del diálogo y la negociación. Lo que entiende por tales se ha visto estos días en La Habana.

En el País Vasco, en cuanto el Estado de Derecho se defiende, los etarras y sus comparsas amenazan con hacer un papel y llevarlo a la ONU. Parecía una baladronada sin sentido pero, a la vista de lo que ocurre en ella, a lo mejor no lo es tanto.

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