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La discusión en el PSOE

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Que es un partido plural, insisten. En un programa de televisión, Joaquín Leguina intenta en triple salto mortal y dice que las diferencias entre Pascual Maragall y Francisco Vázquez son de matiz, propias de un partido democrático. Porque, además de plural, es un partido cohesionado, insisten. Más que nunca.

A la evidencia de que es un partido plural corresponde, al parecer, que se ataque al PP por el modo de encarar, junto a otras democracias occidentales, el terrorismo internacional, mientras el ex ministro Barrionuevo le reprocha su actitud contra los GAL tras visitar al condenado general Galindo. A la pluralidad parece deberse que, mientras se explica que bajar los impuestos es de izquierdas, se negocien los planes urbanísticos y la política del suelo con Izquierda Unida. O que el señor Bono se haga bendecir por los obispos, mientras los ejecutivos de su partido les acusan de mentir y embarrancar el país en la Edad Media. O que el ex secretario general Almunia diga que hay que tomar ejemplo, para el País Vasco, de Irlanda del Norte, mientras el actual primer secretario nos explicaba que nada tienen que ver. O que, cuando José Luis Rodríguez Zapatero señalaba que el presidente Aznar sólo había acertado en la política antiterrorista que había pactado con él, el señor Maragall reprochase al líder del PP precisamente esa política desintegradora. Es un partido plural, no hay duda.

¿Y cohesionado? Si se entiende que, amén de plural, no hay discusiones, es un partido cohesionado. Basta con decir que todo vale lo mismo, lo del señor Barrionuevo y lo de Pascual Maragall, lo de José Bono y lo del alcalde Elorza. Es lo que Borges decía de la doctrina de Croce: sirve para cortar una discusión, no para resolverla. Y, además, si les replicas te dicen que eres un violador.

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