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La estrategia de Arzalluz

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Creo que fue el general De la Chiesa el que dijo que una de las ventajas de la lucha contra los terroristas y los amigos del terror es que estos, a diferencia de otros criminales, terminan, antes o después, explicando claramente sus proyectos. Para guía de incrédulos, Xavier Arzalluz –que es buen amigo del terror– lo hace con sobrada insistencia.

Este martes ha dado buena cuenta de su estrategia. De un lado, el Plan Ibarretxe, cuyo objetivo fundamental ha quedado expresado por el presidente del PNV: “margina a los que no están de acuerdo”. El motivo por el que el Gobierno vasco quiere convocar un referéndum es, en esta política totalitaria, patético: saber cuántos son los que no están de acuerdo.

Para llevarlo a cabo, no excluye, naturalmente, acuerdos con ETA para lograr el fin de la violencia, porque no se trata de “un problema de bandidaje”. Ya señaló en el teocrático Día de la Patria/de la Resurrección que sus aspiraciones pasan porque todos los nacionalistas, ETA incluida, puedan hacer, pronto y juntos, pic-nic.

Como con el PP no tiene esperanzas, además de los insultos, le lanza la maldición: se dividirá, habrá quien quiera hacer una nueva UCD y el partido se escindirá. Al PSOE le desprecia más, ya que no elimina del todo la posibilidad de que, a pesar de la marginación de los no nacionalistas y de los acuerdos con ETA, prefiera el Gobierno a los principios. Así, lanza el señuelo del apoyo parlamentario (porque, en ese estadio de desprecio, sólo cuenta con que el PP pierda la mayoría absoluta, no con que el PSOE la gane) si los socialistas no apoyan gobiernos municipales o forales alternativos al nacionalismo. En el mismo saco de las promesas de apoyo, sorprendentemente, coloca a CiU y Coalición Canaria.

Está todo tan claro, que lo que uno espera ahora es muy sencillo:
a) Que el PSOE nos diga que no quiere el apoyo parlamentario del PNV en ninguna circunstancia y que, por ello, deja de pedir su firma para las ya pesadas y un tanto alucinantes preguntas que plantea al Gobierno sobre la guerra de Irak.
b) Que CiU y Coalición Canaria expliquen que su hipotético apoyo parlamentario a un futuro Gobierno de España no pasa porque se deje gobernar o se apoye el gobierno del PNV en las instituciones locales vascas.

Ya sé que este tipo de partidos no suele ser tan claro como los amigos del terror, pero no estaría de más que, ante las amenazas del nacionalismo vasco, apuntaran al menos algunos principios.

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