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La importancia de San Sebastián

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El PNV se ha dado a la pornografía política con su eslogan en Álava (“Álava, ¡despierta!”, “Vitoria, ¡despierta!”) que, como ya ha sido puesto de manifiesto por partidos y periódicos, coincide con el de los nazis, que también querían despertar Alemania. Ya se vio lo que terminó pasando. En el fondo está el totalitarismo y la idea consecuente de que, si “el Pueblo” está en vigilia, les apoyará a ellos. No hay pluralidad que valga, sino ceguera de los resistentes. No hay democracia que pueda detener el impulso étnico, basta con despertarlo.

Los vascos, a pesar de todo, no están dormidos. Unos están hartos y aspiran a retomar la libertad que la Constitución y el Estatuto les reconocen y que ha sido secuestrada por terroristas y nacionalistas. Otros están acobardados y aspiran a seguir sorbiendo la sopa boba del intervencionismo nacionalista mirando para otro lado. Los hay también que se suman a las campañas nazis.

Todo ello hace que las elecciones del próximo 25 de mayo adquieran una importancia especial en el País Vasco. No son elecciones generales, ni autonómicas, ni tampoco, como no lo son en el resto de España, primarias de las que vendrán después. Pero, en el País Vasco, los votantes demócratas no eligen sólo entre distintas opciones para la gestión de las cuestiones locales, sino que también, y muy fundamentalmente, tratan de conseguir espacios de libertad y democracia con el apoyo a las opciones constitucionales. Por encima de la palabrería vana de unos y de los complejos de los más antiilustrados (como López, secretario de los socialistas, incapaz de formular algo que no sea la ambigüedad, y hasta esta mal explicada), no me cabe duda de que Partido Popular y PSOE pactarán tras las elecciones para que, allí donde puedan, haya instituciones locales sometidas a la ley y respetuosas con los derechos y libertades de los ciudadanos. La posibilidad de que los ayuntamientos de las capitales vascas y alguna de las Diputaciones forales quede en sus manos desbaratará además el antidemocrático Plan Ibarretxe.

Hasta estas elecciones, y desde que PP y PSOE repararan claramente en la arremetida totalitaria del nacionalismo, los electores demócratas se sentían satisfechos votando a una u otra opción, en función de sus convencimientos ideológicos, de la utilidad de un voto u otro o de las circunstancias. En muchos lugares del País Vasco sigue siendo así, aunque el PP ha dado más pruebas y garantías de mantener esta satisfactoria política. Hay un lugar, sin embargo, en que la teoría se quiebra: San Sebastián. Odón Elorza, con su política de topo nacionalista, con su desdén por los constitucionales y su complejo ante el PNV, por su miedo a Batasuna también, no es un representante adecuado para quienes quieren quitar democráticamente el poder a los nacionalistas y reinstaurar la libertad. Si un hipotético voto a Elorza era ya desgraciado, ahora se ha convertido en inútil, ya que el alcalde pseudosocialista afirma que no quiere gobernar con el PP y que no quiere ser alcalde si no es el más votado. No merece la pena considerarlo ni para lo bueno ni para lo malo.

Si hay un lugar, por lo tanto, en el que el voto al PP es conveniente y necesario, es San Sebastián. El apoyo a María San Gil de las organizaciones cívicas, de significados sindicalistas, de intelectuales constitucionales, de asociaciones de víctimas y de muchas personalidades de la izquierda de la ciudad lo confirman. Y es de esperar que San Gil termine siendo alcaldesa.

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