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La tradición nacionalista

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Contaba Banús, para molestar a los vasquistas sin criterio, que todas las "tradiciones vascas" (desde la boina al zortziko) eran importadas y que la única propia era la misa que el Ayuntamiento de San Sebastián decidió celebrar cada año por las víctimas del incendio de la ciudad perpetrado por las tropas de Wellington. Los ediles, al cabo de cien años, pensaron que, tras tantas misas, o las víctimas estaban ya en la Gloria o no había modo de ayudarles a abandonar el purgatorio por lo que decidieron suspender la celebración religiosa y terminar así, decía el irónico historiador, con la única tradición vasca no importada.

La única tradición nacionalista, a estas alturas, es utilizar torticeramente, manipular o inventarse instrumentos para apuntalar su proyecto secesionista y totalitario. En esa provincia del descaro, las encuestas del Gabinete público tienen importancia especial, como se ha visto ahora con la que, desvelada por Egibar, quiere hacer creer que los empresarios vascos desean fervientemente que el proyecto de Ibarretxe salga adelante. Quien haya seguido la maquinaria de propaganda del PNV, además pagada con el dinero público, sabe bien que no hay en estas encuestas ningún criterio científico serio y que se utilizan una y otra vez para respaldar las decisiones del Gobierno vasco. Se hizo con la exigencia de acercamiento de presos de ETA, con la detención de la Mesa de Herri Batasuna, con el Plan Ardanza y con todas y cada uno de los hitos del soberanismo nacionalista. El resultado es tan absurdo como indignante: si no se quiere pactar con los no nacionalistas se sacan de la manga un sondeo por el que la mayoría de los votantes del PP o del PSOE aman a Ibarretxe y odian a sus candidatos. Y se quedan tan contentos.

Ibarretxe, en ocasión inolvidable, daba palmaditas al hijo de una víctima del terrorismo y trataba de corregir su indignación diciéndole que, al no estar permanentemente en el País Vasco, no era consciente de lo bien que vive allí. Tras su propuesta a la puertoriqueña dijo en una emisora de radio que, al salir a la calle, había visto cómo brillaban los ojos de los ciudadanos ante el horizonte que les planteaba. No extrañará que quien vive preso de tal delirio totalitario manipule las encuestas. Es la única tradición que le queda.

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