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Pasarela de la desvergüenza

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Tras los insultos de los dirigentes guipuzcoanos del PNV, llegaron los de Iñaki Anasagasti. Tras los de Anasagasti llegan ahora los de Arzalluz.

Arzalluz habla de oído, no trabaja. Se pasa el día en su huerta de Galdácano y se regodea cuando le vienen con algún chisme. Luego se cisca en las víctimas del terrorismo, arremete contra quienes defienden las libertades y va tejiendo, a destiempo, arrastrándose, la dictadura totalitaria que nos prometen con el Plan Ibarretxe y en entendimiento con Batasuna-ETA.

Esa es su vida. Y la adorna contando lo que le acaba de decir cualquier mentiroso servil e inventándose lo demás. Es tan rastrero su modo de hacer política que el martes se inventa estudios en la Universidad Carlos III, imagina comidas conspiratorias y, lo que es peor, insulta con bajeza a la madre de Joseba Pagazaurtundua, la última víctima de ETA, que vivía angustiado porque el PNV no le atendió ni en lo laboral ni en lo político, ya que apoya al alcalde batasuno de su pueblo. Al acusar a Rosa Díez de maniobrar para que la madre de la víctima dijera lo que dijo, no insulta tanto a la valiente europarlamentaria socialista como a la madre del asesinado. Dan asco estos tipos del PNV, aprovechándose de las víctimas, insultándolas y acosando a sus deudos mientras pactan la dictadura con el entramado criminal de ETA y Batasuna.

Dan tanto asco que sorprende que la oposición parlamentaria, tan activa en lo que dicen se trata de parar una guerra, sume a esa reivindicación al grupo parlamentario de estos políticos despreciables. Quieren mostrar que el Gobierno está sólo. Ellos, si no se desquitan de ese apoyo desgraciado, están mal acompañados. Ahora, en la tribuna parlamentaria, les ha dado por las citas. Ahí va una, de Camus: "No se puede defender la libertad con quienes la comprometen". Sin el PNV estaría más claro ese reiterado deseo de paz.

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