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Un país de "pacifistas"

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Las tropas norteamericanas van tomando posiciones para una posible intervención en Irak. De la salutación de Bush a los periodistas el último día del pasado año se podría deducir que el presidente norteamericano quiere, más que tomarse las cosas con calma, asegurar el éxito de la operación. La referencia a una posible solución pacífica, es decir, la eliminación del problema irakí sin la intervención de los ejércitos, entra seguramente en el territorio de los gestos (tanto estratégicos como de buena voluntad), pero nada hace esperar que Hussein, que no puede ser otra cosa que un dictador en el seno de su propio país, deje de ser un peligro cierto para un orden internacional sin terrorismo.

Los paises occidentales, incluso los que se muestran más recelosos ante sus opiniones públicas respectivas, van poco a poco alineándose junto a Estados Unidos que, a pesar de todo, hará el trabajo más doloroso, como en tantas otras ocasiones. Ningún gobierno de estos países, incluso los que todavía insisten en últimos esfuerzos diplomáticos, duda de la amenaza que supone Irak. Tampoco el Gobierno español que, por fin, juega un papel de aliado leal y tiene una clara posición en el contexto internacional en la defensa de las libertades y de los valores de la democracia más allá de nuestras fronteras. Este Gobierno, que goza de mayoría absoluta, lo es, al parecer, de un país lleno de pacifistas que se escandalizan de las intervenciones militares en el escenario internacional, con el aval o sin el aval de la ONU. Dudo de que las cosas sean tan claras.

Unos apelan a una supuesta tradición de neutralidad, que era, por cierto, la de Franco. Pero, más que neutralidad, lo que ha sido una lamentable tradición en España ha sido la falta de compromiso con la defensa de las libertades en las dos últimas guerras mundiales y en tantos otros episodios en los que los europeos han participado de uno u otro modo. Nos habremos ahorrado vidas, claro, pero a costa de no estar donde debíamos y en contra del totalitarismo. Los riesgos de hoy son la consecuencia de haber terminado, por sustentar un firme compromiso internacional, con el aislacionismo de otros tiempos. Merece la pena.

Otros intentan colocar delante de los ojos de los demás mil y una situaciones inaguantables: Corea, Arabia Saudí, Yemen, etc. Aquí tenemos la versión cínica del pacifismo: basta escoger un objetivo para que se solicite la no intervención agitando todos los demás. Irak, entre todos ellos, ha dado ya muestras más que evidentes de violencia, acumulación de armas, expansionismo violento y de financiación de todo tipo de grupos que tuvieran entre sus planes la destrucción de los valores democráticos y occidentales. Para empezar, insisto, merece la pena. Quizá en España haya más recelos que en otros lugares. No será desde luego por pacíficos, aunque sea porque algunos se han tragado la cantinela del pacifismo tramposo y la del aislacionismo antioccidental. Pero toda esa música, en el fondo, es la de Izquierda Unida y ya vemos qué respaldo obtiene elección tras elección.

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