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Guillermo Domínguez

Beckham, también en la galaxia

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Luis Figo, Zinedine Zidane, Ronaldo y, ahora, David Beckham. Florentino Pérez, presto a engrosar las arcas del Real Madrid, se dispone primero a sacar la chequera del bolsillo para, a largo plazo, reforzar la imagen del club de Concha Espina en la de una máquina de hacer dinero. La irrupción de F.P. -sabe que los cuatro jugadores tienen un gran tirón en todos los rincones del planeta- a la presidencia de la entidad blanca, hace ahora tres años, llegó acompañada de un mensaje que cualitativamente ha alimentado a la plantilla. Hace poco menos de 24 meses tiró de talonario para hacerse con los servicios de Zizou, el mejor futbolista del planeta. Desde entonces, siempre ha ido por delante con su filosofía de "Zidanes y Pavones" que tan gustosamente ha repetido Jorge Valdano.

Primero, en plena campaña electoral y con Lorenzo Sanz como adversario al sillón de la Casa Blanca, llegó a un acuerdo con Luis Figo para que el portugués terminara jugando en el Madrid si salía elegido presidente. Dicho y hecho. F.P. derrotó a Sanz en las urnas y se trajo a uno de los mayores iconos del barcelonismo. Eso sí, el nuevo presidente madridista tuvo que abonar la cláusula de rescisión, cercana a los 62 millones de euros (más de 10.000 millones de las antiguas pesetas). Luego vino el caso Zidane, que apenas duró treinta días. Las reticencias de la Juventus sucumbieron ante la apuesta económica del Madrid. 75,1 millones de euros (12.500 millones de pesetas) por el mejor jugador del mundo. Y es que, al fin y al cabo, la voluntad del futbolista es la que manda.

El caso de Ronaldo fue el más laborioso. El Inter de Milán tardó en "entrar en razones" -así lo dijo Florentino el pasado 30 de agosto tras concretarse el fichaje de El Fenómeno- y aceptar la marcha del astro brasileño, máximo goleador en el Mundial de Corea y Japón e ídolo de la afición. Las gestiones se frustraron un par de veces y el acuerdo, sellado en 45 millones de euros, se cerró cuatro meses después de que saltara la liebre. Y así ha terminado por pasar con Beckham. Las desavenencias de Becks con Alex Ferguson -el calentón se produjo a raíz de un zapatillazo que el técnico le propinó al jugador de Old Trafford- han terminado por convencer a la estrella del Manchester United. La jugada de F.P. ha sido clara y ha demostrado que, a diferencia de cómo ocurrió con Figo en plena baza electoral, es el presidente del club que manda en el planeta fútbol. De ahí, y a la importancia de tener nueve Copas de Europa en las vitrinas, que todos los cracks quieran vestir de blanco.

El futuro estaba en el otro lado del Mar Cantábrico. Beckham lo sabía y tal vez le dijera a Ted, su padre, que jugara un poco con la prensa para no precipitar acontecimientos. Ya sabía de antemano que tenía que buscarle colegio a sus hijos, Brooklyn y Romeo, y una lujosa mansión a Victoria, la ex-spice pija. Pero al final la pérfida y ávida prensa destapó toda la verdad. La reveladora fotografía aparecida en The Sun y la poca inteligencia de Joan Laporta, presidente electo del Barcelona, a la hora de manejar el fichaje han determinado que el santo y seña de Old Trafford termine recalando en el Real Madrid. A partir de ahora, David Beckham también tendrá su hueco entre los galácticos.

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